Una mirada al Museo Reina Sofía se despliega: deambulando por sus salas, realizamos una visita expandida a través de sus exposiciones. Este mes de noviembre, el museo madrileño renueva su programa expositivo con una oferta muy diversa. De esta forma, encontraremos las siguientes muestras: Un acto de ver que se despliega, ya inaugurada, así como Genealogías documentales. Fotografía 1848-1917 y Margarita Azurdia. Margarita Rita Rica Dinamita, todavía a la espera de su inauguración.

La primera de las exposiciones a comentar, Un acto de ver que se despliega, se trata de una muestra comisariada por Manuel Borja-Villel (actual director del museo), con la colaboración de Beatriz Martínez Hijazo. Esta propone al visitante una aproximación a la Colección Susana y Ricardo Steinbruch, la cual constituye un importante acervo de diferentes temporalidades y geografías centrado, sobre todo, en la contemporaneidad latinoamericana –especialmente brasileña– y en las prácticas artísticas que tuvieron lugar en Europa del Este durante la segunda mitad del siglo XX. Las piezas seleccionadas para la exposición se articulan en torno a la teoría de los gestos, acuñada por el pensador checobrasileño Vilém Flusser. Para él, estos rituales de la percepción –que pueden parecer mínimos y no responder a una causalidad determinada– no solo posibilitan nuestro propio reconocimiento estético y afectivo, sino que también están en la base de una cartografía de relaciones y cruces que une artistas en apariencia dispares.

Vista de la exposición Un acto de ver que se despliega. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Vista de la exposición Un acto de ver que se despliega. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Así, de manera dialógica y lejos de una visión lineal, se propone un recorrido que comienza con un proyecto específico de Fernanda Gomes y que transita desde los movimientos antiarte de la antigua Yugoslavia, al neoconcretismo o las respuestas artísticas que suscitaron en los citados contextos los acontecimientos políticos de las décadas de 1960 y 1970. De la misma forma, también se dedica un ámbito a Mira Schendel y se exploran otro tipo de uniones, como las que atraviesan la idea de territorio o se instalan en la experimentación con y desde el lenguaje.

Por otra parte, a partir del 16 de noviembre podremos visitar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía la muestra Genealogías documentales. Fotografía 1848-1917, que parte de la reflexión de Walter Benjamin, apuntada en su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936), acerca del surgimiento paralelo de la fotografía y el socialismo. Eso da pie a pensar que las ideas e iconografías utilizadas para representar la vida cotidiana de la clase trabajadora —las cuales constituirán en la década de 1920 el género documental, una forma específica de poética fotográfica y cinematográfica— ya estaban latentes o activas en la cultura visual de la década de 1840. La figura seminal del limpiabotas en Boulevard du Temple [Bulevar del Templo, 1838], una de las primeras placas de Louis Daguerre, se puede entender como la primera aparición de la imagen del trabajador en la fotografía: el desencadenante del relato histórico en torno a las relaciones de clase y sus conflictos, eje del discurso documental que surgirá más tarde.

Genealogías documentales. Fotografía 1847-1917

Genealogías documentales. Fotografía 1847-1917. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Esta exposición presenta una cartografía de prácticas relacionadas con la aparición y evolución de las representaciones de identidades subalternas —trabajadores, criados, proletarios, mendigos, desposeídos— desde el surgimiento de la fotografía hasta el cambio de siglo (más concretamente, entre las revoluciones de 1848 y la Revolución rusa de 1917), y dentro del marco que el historiador André Rouillé denomina el “imperio de la fotografía”: la irrupción de un nuevo régimen visual que se convirtió en instrumento para el sistema de la cultura burguesa, industrial y colonial en la segunda mitad del siglo XIX. Estas figuras de subalternidad también se pueden entender como metáforas de la célebre y temprana condena con que Charles Baudelaire relegó la fotografía a una posición subordinada: la “criada de las artes”. La promesa democrática de la imagen fotográfica permaneció por mucho tiempo incumplida, pues se mantuvo durante casi un siglo como un instrumento en manos de la cultura burguesa y sus medios de representación. Por eso, los retratos de las clases populares y los subalternos fueron una irrupción accidental o marginal, una presencia involuntaria dentro de encuadres cuya intención era otra.

Finalmente, volviendo de nuevo la mirada al continente latinoamericano, encontramos la exposición Margarita Azurdia. Margarita Rita Rica Dinamita, que se podrá visitar a partir del 24 de noviembre y que consiste en la primera monográfica en Europa dedicada a Margarita Azurdia (Antigua Guatemala, 1931 – Ciudad de Guatemala, 1998), una de las artistas centroamericanas más emblemáticas del siglo XX. Esta muestra ahonda en su trayectoria con un recorrido por una extensa producción que abarca pintura, escultura y arte no objetual, así como libros de artista elaborados con dibujos, collages y poemas. Desde una mirada retrospectiva, la exposición permite adentrarse en el panorama del arte moderno y contemporáneo de Guatemala, e invita a recorrer la metamorfosis creativa experimentada por la artista entre 1960 y mediados de la década de 1990, algo que queda plasmado también en los múltiples cambios de nombre con los que firma sus obras.

Margarita Azurdia. Margarita Rita Rica Dinamita, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Margarita Azurdia. Margarita Rita Rica Dinamita, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Desde mediados de la década de 1960 y principios de la siguiente, Azurdia incursionó en las formas geométricas inspiradas en los diseños textiles indígenas de Guatemala, que aplicaba principalmente a la pintura. Su serie Geométricas fue expuesta en la Galería DS de Ciudad de Guatemala en 1968. Dos años más tarde, la artista recibió una mención honorífica en la X Bienal de São Paulo por su serie Asta 104 (1969) —pinturas escultóricas de grandes dimensiones—, como cuestionamiento de la propia disciplina. Al igual que otros artistas latinoamericanos activos en ese momento, y en línea con las preocupaciones formales y conceptuales a nivel internacional, Azurdia se interesó por integrar al público de manera activa en sus obras. En la II Bienal de Arte Coltejer (1970), en Medellín, la artista deja atrás su trabajo eminentemente pictórico y se adhiere al espíritu de la época con la instalación Por favor quitarse los zapatos, creada para la ocasión, con la que invitaba al público a adentrarse en un lugar de experimentación sensorial mediante elementos performáticos e interactivos. En la III Bienal de Arte Coltejer (1972) su serie de esculturas de mármol móviles despuntaron por estar sujetas a las pulsiones de los espectadores.

 

(Un acto de ver que se despliega, en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Desde el 10 de noviembre de 2022, hasta el 13 de marzo de 2023)

(Genealogías documentales. Fotografía 1848-1917, en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Desde el 16 de noviembre, hasta el 27 de febrero de 2023)

(Margarita Azurdia. Margarita Rita Rica Dinamita, en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Desde el 24 de noviembre de 2022, hasta el 17 de abril de 2023)