James Joyce, Jacques Lacan, Oscar Masotta, Ricardo Piglia. En Segunda vez, de Dora García, un texto te lleva a otro texto, una referencia te lleva a otra, igual que un pie de página amplía el texto de un libro para proponer uno nuevo. El Museo Reina Sofía dedica una exposición a Dora García (Valladolid, 1965), artista conceptual que desarrolla desde los años noventa una exhaustiva investigación estética en torno a los límites entre lo real y su representación.

La muestra, repleta de performance y texto, si es que hay alguna diferencia entre ambos, se aleja de la palabra «acción» para hablar de «situación» y plantear, así, una relación con el situacionismo, con lo que está y lo que no está guionizado y con la negociación entre ambos. La práctica de Dora García hace visible a través de formatos y medios diversos los mecanismo de funcionamiento de los procesos comunicativos culturales, explorando  y cuestionando cómo se produce la relación entre el artista, la obra y sus públicos. En este sentido, la propia artista considera que no se debe producir arte pensando a qué público va dirigido, sino que es el propio trabajo quien debe descubrir a su espectador.

Segunda vez reúne una selección de los trabajos que Dora García ha realizado desde finales de la década de los 90 hasta la actualidad. El título de la muestra responde a un relato homónimo de Julio Cortázar y es, al mismo tiempo, uno de los proyectos más recientes de la artista, consistente en una serie de cortometrajes en los que la figura del intelectual argentino Oscar Masotta –actualmente con una exposición en el MACBA–, sirve como hilo conductor para plantear cuestiones relativas a la performance, el psicoanálisis y la política, con especial atención a las estrategias de metaficción y repetición.

Dora García. Vista de la sala en el Museo Reina Sofía.

«Hay un agujero en lo real», con esta lacaniana frase que forma parte de Golden Sentences (Frases de oro) se abre la exposición de Dora García. Una frase que, según la propia artista, «remite a una parte de nuestra realidad que nunca conseguimos representar a través del discurso ni de la imagen». En este sentido, a lo largo de toda la muestra de Dora García hallamos la presencia de un lenguaje que trata de agujerear lo real y que enfrenta al sujeto a su propia vulnerabilidad. Este enfrentamiento es fruto de la voluntad de Dora García de trabajar con la percepción y con el público, intentando reactivar el aparato cognitivo del espectador con el fin de hacerle ver la realidad desde perspectivas alternativas, alejándolo de su zona de confort.

La performance es una de las vías para construir estos espacios desde los que lograr perspectivas alternativas. García utiliza, en este proceso, tanto la «performance delegada» como la «performance duracional», una tipología que no requeire de una audiencia al realizarse, sino que acontece mientras el espacio expositivo permanece abierto. Estas performances tienen como hilo conductor la ficción como construcción de situaciones, la lectura como proceso colectivo y la narración. Narrativa instánea (2006-2008) es una de los ejemplos de performance en la que narración y discurso son fundamentales ya que tanto los visitantes como todo aquello que sucede en la sala pasa a formar parte de la misma narrativa. Por otro lado, en Two Planets Have Been Colliding for Thousands of Years (Dos planetas han estado colisionando durante miles de años) (2017), una de las performances más recientes se «renuncia» al texto y se apuesta por una performance contemplativa donde se produce un juego entre cuerpos y miradas. Más allá de las performances que se activarán a diario dentro de la exposición, forma parte de la muestra un programa específico de performances que se desarrollarán durante todo el periodo expositivo, con la participación del público y los performers invitados.

Dora García, Two Planets Have Been Colliding for Thousand f Years, 2017.

En una exposición repleta de texto, las referencias tanto literarias como filosóficas o psicoanalíticas de Dora García están absolutamente presentes, consiguiendo que la muestra no sea un monólogo de la artista sino, más bien, un canto coral en el que narradores, lectores, performers y espectadores se convierten en un cuerpo colectivo, hablante, propiciando espacios de narratividad expandida, de «continuarración», como diría James Joyce. Y James Joyce es justamente una de las referencias presentes en la muestra a partir de la película de Dora García The Joycean Society (2013), una grabación del ejercicio de lectura en comunidad que hacen los miembros de la Zurich James Joyce Foundation, quienes se reúnen periódicamente y, desde hace 30 años, para leer el libros de James Joyce Finnegans Wake. Acompañando esta proyección hallamos la instalación Libros exhaustos (2002), donde se observan estos libros intervenidos tras 30 años de repetida lectura. Un ejercicio de anotación y reescritura que es,  justamente, muy similar al proceso de escritura que aplicó James Joyce, quien tardó hasta 17 años en escribir Finnegans Wake.

Como se ha mencionado con anterioridad, la influencia de las teorías psicoanalíticas de Jacques Lacan han sido fundamentales para Dora García. En ellas apoya su concepción del cuerpo en términos de afectos, como espacio y en relación con otros cuerpos y con el entorno. También Oscar Masotta es una figura clave para el desarrollo conceptual del trabajo de Dora García. El recurso de la repetición como forma de actualizar la obra de arte en distintos contextos es uno de los aspectos de Masotta que más le interesa a la artista y que se refleja de manera constante en la muestra.

(Segunda vez de Dora García en el Museo Reina Sofía. Del 18 de abril al 3 de septiembre)