En la madrugada del 14 al 15 de mayo Juan Genovés (mayo de 1930, mayo de 2020) se ha ido tan discretamente como siempre vivió. Cierra un ciclo casi perfecto de 90 años. Juan siempre fue muy cuidadoso, muy detallista. Sus cuadros no eran algo banal, podía tardar meses, años, retocándolos, guardándolos y sacándolos para cambiar, mejorar, empeorar algo. Él era así, y no entendía que un trabajo de años pudiera ser leído, visto y desechado en apenas 6 segundos en una exposición por cualquier espectador sin tiempo para detenerse ante cualquier cuadro.

Cuando un artista que lleva más de 60 años trabajando fallece, los diarios y noticieros se llenan con su biografía, destacando lo de siempre, tres o cuatro cosas que todos ya sabemos. En el caso de Juan Genovés hay muchas cosas, muchos vínculos artísticos, muchos hechos sociales que están ligados a él y a su obra para siempre. Pero todo eso es apenas nada. Una vida de 89 años no se puede reducir a un currículo, y mucho menos cuando, como es el caso, hemos conocido de cerca al hombre. Son muchos años, muchas aventuras, muchos días, muchos encuentros como para reducirlos a unas fechas, a unos grupos, a unos títulos. Juan fue siempre un hombre curioso, fiel, bueno en el sentido en que Antonio Machado usaba el término bueno, en el buen sentido de la palabra bueno.

Juan Genovés, El Abrazo

Muere Genovés en medio de la pandemia del Covid-19, pero no ha muerto por el virus sino por una perforación del bazo. Sin embargo, es muy significativo que el hombre al que todos recordarán por la obra El abrazo (1976), un cartel que se convirtió en cuadro, en escultura y, finalmente, en símbolo de una transición, más deseada que real, muera en un momento en el que los abrazos están prohibidos. Él fue un hombre de principios: siempre tuvo los mismos principios y siempre los defendió sin miedo y sin prejuicios, incluso cuando no era fácil, cuando era peligroso. Fiel a sí mismo y a sus ideas, fiel al hombre y a la libertad. A la solidaridad y a la justicia. Pero todo eso hace mucho que no se lleva, ya no se estila ayudar a los que no son de tu cuerda, a todos. No se estila no dejarse vencer por el dinero y la codicia. No se estila. Conociendo y hablando con Juan Genovés llegabas a creer sinceramente que era posible casi todo. Que era posible un mundo mejor, que era posible ser feliz, que era posible la justicia e incluso la libertad. Hacía mucho que no hablaba con él y me hubiera gustado saber qué opinaba de un mundo abocado a la soledad, a la lejanía, un mundo sin besos ni abrazos, un mundo que se sorprende ante la generosidad y el esfuerzo.

El abrazo quería significar no solo la reconciliación de un pueblo, sino la alegría de la libertad, del fin de una dictadura, del final de un túnel lleno de dolor y de oscuridad. El reencuentro. Recuerdos, memorias de hace muchos años, tal vez. Juan Genovés nunca fue un artista del pasado, aún hoy estaba preparando varias exposiciones y trabajando todos los días en su estudio. Pero sin embargo era un artista considerado como de otra época, pero siempre fue un hombre abierto a todo lo nuevo, comprensivo e interesado por todos y por todo. Optimista, positivo, y sobre todo honesto. Su huella como hombre queda en todos los que le hemos conocido, en todos los que le hemos querido y admirado. Que la tierra te sea leve, amigo.