Las fotografías de Thomas Struth (Gelern, Alemania, 1954) no buscan congelar un momento clave ni capturar el «instante decisivo» de Cartier-Bresson. El artista concibe y procesa ideas que luego cultiva y trabaja. Siempre de forma elegante y precisa, refleja con su cámara la esencia de un concepto que ya ha forjado en su mente. De esta manera, Struth ha producido una obra extensa y meditada que el Museo Guggenheim Bilbao acoge desde mañana, dos de octubre, en una exposición que organiza de la mano del Haus der Kunst.

La muestra, comisariada por Thomas Weski y Lucía Aguirre, presenta 128 obras del artista que se distribuyen entre las cinco temáticas que definen su trayectoria profesional: el espacio público, los lazos familiares, la naturaleza, la cultura y los límites de las nuevas tecnologías. Todas ellas expuestas en armonía con un conjunto de materiales básicos en su trabajo como son los bocetos, invitaciones, pósters, cuadernos, montajes…o discos. De hecho, la música ha sido para Struth un elemento fundamental de su trayectoria profesional. Tanto es así que el fotógrafo alemán define el recorrido de la exposición como una suerte de «composición musical» que configuran las distintas salas (para él «movimientos») de la misma. 

El itinerario arranca con sus fotografías más tempranas, aquellas con las que retrata las distintas estructuras urbanas y su evolución. En esta sala, el artista realiza nuevas combinaciones de imágenes de las ciudades que conoció con los retratos que realizó a lo largo de su vida profesional. Aquí, Struth logra capturar a cada uno de los sujetos como individuo además de como parte de una estructura familiar. 

Tras descubrir un archivo que permite diseccionar la obra del artista y comprender su método de trabajo, el espectador podrá ver una de sus series más conocidas: las Fotografías de Museo. Esta parte demuestra cómo a Struth siempre le ha interesado la psicología del espectador. «Quiero ver la cara del visitante de museo», comentó durante la presentación de la muestra que expone las fotografías que realizó a los asistentes del Museo del Prado en 2005. Junto a éstas se encuentra Público (2004), cinco imágenes que muestran a distintas personas observando el David de Miguel Ángel en Florencia. 

Con Nuevas imágenes del paraíso el artista se aleja del ser humano y su psicología para adentrarse en las selvas y junglas de Australia, Japón o China, entre otros países, al presentar una serie de fotografías que dispone en una sala amplísima de techos prominentes. Durante la trayectoria no abandona el paisaje, pero sí la frondosidad de los bosques con seis panorámicas del paraísos artificiales como el del primer parque de atracciones de Disney, una temática que rompe utilizando primeros planos de flores que realiza para el Hospital Lindberg.

Struth vuelve a negar respuestas rápidas, pues explora la tecnología y sus límites fotografiando laboratorios de investigación que cobran más sentido para los científicos que para el espectador de a pie. El recorrido, que termina a modo de metáfora, cuestiona la fragilidad de nuestra existencia a través de imágenes que muestran animales que han muerto de forma natural. 

(Thomas Struth en Guggenheim Bilbao, Bilbao. Desde el 2 de octubre de 2019 hasta el 19 de enero de 2020)