La abstracción como corriente artística tiene numerosas variables y casos concretos. Uno de ellos es Eusebio Sempere (Onil, 1923- Alicante, 1985). El Museo Reina Sofía ha inaugurado una exposición retrospectiva de su obra con préstamos del MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante). Una visión amplia y en profundidad sobre las particularidades de Sempere.

Es necesario entender su trayectoria desde el impacto que le produjo la abstracción internacional. En 1948 llegó a París gracias a una beca, y este viaje le permitió entrar en contacto con la obra de Kandinsky. Poco después se posicionaría en un lugar más cercano a Mondrian y su rigor geométrico. Sempere veía ahí, en sus propias palabras, “un impulso de reestructurar la pintura, tan maltratada entonces por el éxito de la difusión de la tendencia informalista”.

Esta primera etapa corresponde a la producción de dibujos a gouache sobre papel Canson negro. Las composiciones resultantes carecen de perspectiva y se componen de pequeñas líneas, que parecen desarrollarse y moverse en el espacio. Aquí surge otro de los intereses fundamentales de Sempere: el interés por el dinamismo del color y la percepción óptica de la materia artística. De hecho, junto con los guache, en esta primera etapa también destacan los móviles luminosos realizados con planchas de madera, láminas de plexiglás, bombillas y pequeños motores eléctricos.

En 1959 participó en la Bienal de Sâo Paulo con algunos de estos relieves. A partir de entonces consolida su lenguaje pictórico, siempre a partir de la vibración y la luz. A partir de 1964 y tras conocer a Joseph Albers en Estados Unidos, incorpora dos nuevos materiales: el cartón y el hierro. Sus collages le permitieron no sólo experimentar con las distintas capas sino también con la profundidad y el volumen. Fue el paso previo a sus célebres esculturas realizadas con varillas de metal, que fueron expuestas por primera vez en Nueva York en 1965. Buscaba así conseguir un movimiento real y cambiable, frente a una visualidad fija e inmutable. La obra de Sempere es indisociable del contexto histórico de la segunda mitad del siglo XX en España y todos los cambios socioeconómicos que tuvieron lugar. Entre 1969 y 1972 formó parte del “Seminario de análisis y generación automática de formas plásticas” del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (actualmente Complutense), de donde surgieron obras realizadas íntegramente con computadora. En un entorno donde lo “real” era sinónimo de pesadumbre y desazón, el arte experimental se convierte en el camino hacia la apertura, la innovación y el
optimismo. La interacción entre las distintas manifestaciones artísticas es parte de ese afán de investigación. El propio Sempere concibió un proyecto para la compañía IBM que consistía en una estructura móvil y luminosa sincronizada con la música y la poesía concreta junto con el músico Cristóbal Halffer y el poeta Julio Campal.

Resulta interesante observar la producción de Sempere desde un contexto como el actual. Lo que a priori podría parecer excesivamente “formalista”, basado en la mera interacción de líneas y planos cromáticos, después de ver la exposición se convierte en una sensación física donde el color se convierte en paisaje abstracto, el movimiento en percepción y el material en impresión táctil. En palabras del propio artista: “El ambiente artístico español me era extraño. Seguía siendo un solitario. Comprendía que mi trabajo era una pequeña isla en el mar embravecido de las manchas de color”.

(Eusebio Sempere en el Museo Reina Sofía, Madrid. Del 9 de mayo al 17 de septiembre de 2018)