Ayer miércoles 16 de junio moría el artista colombiano Juan Pablo Echeverri (Bogotá, Colombia. 1978-2022), víctima de una enfermedad tropical. Echeverri no solo era una de las más seguras realidades de la fotografía actual en Latinoamérica, sino un hombre jovial, alegre y lleno de proyectos. Iba a inaugurar una muestra monográfica en el museo de Guanajuato en México en las próximas semanas. Desde los 17 años, su obra se basó estrictamente en el autorretrato, en una hibridación entre el body painting y una teoría muy personal del autorretrato. Sus personajes, desde payasos, mises, superhéroes y todo tipo de figuras imaginables siempre eran el mismo, disfrazado, pintado y transformado en otro, pero siempre él.

Una obra cargada de ironía y crítica que despega con su obra Miss Japón, en la colección del banco de Bogotá, y que se ha prolongado hasta su fallecimiento, cuando ya extenuado no ha podido hacerse el ultimo retrato durante su propia muerte. Echeverri formaba parte desde hace años del equipo del también fotógrafo Wolfgang Tillmans, y fue trabajando con él en un reciente viaje a Lagos, Nigeria, cuando un zancudo le picó, infectándole. A su vuelta a Bogotá fue al hospital, pero -como a tantos otros- se le clasificó como enfermo de COVID y le enviaron a su casa. Durante ese tiempo, la malaria, que era la enfermedad real, creció y le destruyó hasta no poder ser tratada. Se va no solamente un gran artista, sino un buen amigo que nos inundaba de luz y de ganas de vivir en cada una de sus visitas, apariciones inesperadas como fogonazos de luz. Descanse en paz disfrazado ya para siempre de estrella.