El arquitecto barcelonés Ricardo Bofill ha fallecido este viernes 14 de enero a los 82 años de edad. Bofill deja un legado arquitectónico muy relevante, ya que fue uno de los arquitectos españoles más internacionales de su generación. Hijo de otro arquitecto, Emilio Bofill y Benessat, estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde fue expulsado en 1957 por sus actividades relacionadas con la política.

Walden 7

En 1963 fundó su propio taller de arquitectura en Barcelona, que se consolidó pronto como uno de los grandes referentes del contexto catalán. En el estudio se reunían otros arquitectos con poetas, artistas y fotógrafos que se proponían renovar la arquitectura, incidiendo especialmente en el componente social de la misma. Este grupo transdisciplinar firmó, entre otros, edificios tan emblemáticos como el Walden 7, ubicado en Barcelona.

Bofill recuperó algunos de los elementos artesanales más importantes de Cataluña, para actualizarlos en su arquitectura. Además, se centró en los problemas asociados con la planificación urbana en España. Este interés por la arquitectura social le llevó a expandir su taller a Argelia, ya que estaba particularmente interesado en adaptar su trabajo a países en vías de desarrollo.

La muralla roja, en Calpe.

A partir de los años cuarenta, su taller centraría la actividad en Francia, firmando numerosos proyectos en el país galo, como las Arcades du Lac y Le Viaduc en Versailles; Le Palais d’Abraxas, Le Théâtre y L’Arc en Marne-la-Vallée o el barrio de Antigone en Montpellier, entre muchos otros.

Los años noventa serían la época en la que el estudio de Bofill volvería a España, realizando proyectos tan importantes como la prolongación de la Castellana en Madrid o el Aeropuerto de Barcelona, además de otros encargos internacionales como la Place de l’Europe de Luxemburgo o el Central Artery de Boston.