Y de repente llegó un virus, provocando la mayor pandemia que recordamos y con unas consecuencias devastadoras en cuanto a víctimas mortales. En el ámbito de la cultura la conmoción ha sido también inmensa. Además del golpe económico para la mayor parte del sector, esta nueva “coreografía social” ha precipitado el cierre de las instituciones. Algo desconocido para la mayor parte de la población. No sólo tuvimos que refugiarnos en nuestras casas, sino que además todos los espacios culturales cerraron sus puertas. ¿Alguna vez imaginamos los pasillos de los museos desiertos? ¿Cómo sonarán ahora mismo todas esas salas sin habitar? Desde casa podemos recorrer virtualmente las colecciones permanentes y las exposiciones de muchos centros expositivos, pero nos surgen muchas dudas sobre cómo volveremos (o si volveremos) a recorrerlos físicamente. Por ello hemos preguntado a nueve directores al frente de instituciones de arte contemporáneo sobre cómo ven la crisis actual generada por el COVID19, la gestión de esa situación sin precedentes y cómo perciben el futuro.

Una de las cuestiones que ha puesto de relieve la crisis es el papel que ocupa la cultura en la sociedad. Es curioso cómo durante las primeras semanas de confinamiento daba la sensación de que lo que más importaba a la ciudadanía, después de la salud y los bienes de primera necesidad, era poder acceder a contenidos culturales. En este sentido la pregunta que surge es si esta crisis ha evidenciado una infravaloración hacia el sector cultural o por el contrario la población ha adquirido conciencia de su importancia. Ferrán Barenblit, director del MACBA (Barcelona) cree que: “de momento, ni una cosa ni otra. Depende en gran medida de la capacidad que tengan las instituciones culturales y las personas que trabajamos en ellas de dar respuesta a esta situación. Si insistimos en modelos agotados, y la ciudadanía lo percibe así, me parece que no habrá manera de revalorizar el papel que desempeñan los museos. Si, por el contrario, somos capaces de responder a las preocupaciones y anhelos colectivos de nuestra época, los museos seguirán siendo lugares en los que los ciudadanos puedan encontrar una orientación en tiempos de desconcierto. Los museos deben estar siempre respondiendo a las sociedades en las que están inmersos. Ahora vienen momentos en los que el trabajo de los artistas será más necesario que nunca; los museos hemos de estar a la altura de las expectativas. Debemos defender lo que hemos construido en común y convertir la agonía en disensión, reforzar el lugar político del arte. Nuestra responsabilidad es más grande que nunca”.

Gilberto González, desde el TEA (Tenerife), afirma: “con la crisis de 2008 la discusión se centró en lo que aportamos o no aportamos a la economía y cuál es el marco de relaciones laborales y económica con el que nos relacionamos con los y las artistas así como con el resto de personas que conforma nuestro tejido pero no parece que hayamos realmente abierto una discusión sobre nuestra pertinencia como instituciones en las que podamos pensarnos colectivamente en el sentido más amplio. Repetimos constantemente el mantra sobre el valor de la cultura pero quizá toca ahora entender si somos o no sustanciales en ese debate, sí somos capaces de trascender nuestros muros y podemos abrir discusiones reales que no sean alimento de “un sector” sino de una sociedad plural”. Manuel Borja Villel, director del Museo Reina Sofía (Madrid), señala la fractura entre un sistema basado en los resultados y otro más centrado en los procesos: “Hace tiempo que muchos cuestionábamos un modelo de producción cultural basado en los números y el beneficio contable, no en las personas ni en la educación. Es evidente que la crisis del coronavirus afectará al sistema del arte. Tendremos que reconstruir y volver a poner en marcha muchas cosas. De nosotros depende que se reconstruya en un sentido o en otro (…) Es el momento para hacer hincapié en el trabajo a largo plazo, en el tiempo lento y reposado alejado de la obsolescencia y del consumo rápido, en la investigación “extra-disciplinar”, y en el proceso colectivo”.

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Por su parte, Orlando Brito, director del CAAM (Gran Canaria) conecta esta crisis con la construcción de comunidad en torno al museo que ya se había generado antes del COVID19: “Creo que esta crisis está sirviendo para dar una mayor visibilidad a los museos y centros de arte, produciéndose de una forma proporcional al desarrollo que han tenido con anterioridad a este momento en sus estrategias de trabajo e interacción virtuales o en la red. Aquellos pues que con anterioridad a esta crisis tenían una visibilidad e interacción aceptable en sus páginas webs, blogs y redes sociales, les está siendo más fácil conectar con un público circunstancialmente mucho más amplio. Un público, tanto el ya fidelizado que desea implementar sus conocimientos y participar de nuevas propuestas, como el menos asiduo o incluso nuevo que se acerca con curiosidad.” Una creciente interacción virtual que demuestra, según Imma Prieto, directora de Es Baluard Museu (Palma de Mallorca), “que el contenido pedagógico producido por los distintos segmentos que conforman la cultura en general y los museos en particular es una necesidad y un bien común”. Ante la pregunta de qué protocolo de actuación seguirá el centro una vez que remita la pandemia, Prieto responde: “un museo necesita, por lo menos hasta ahora, que el público tenga libertad de movimiento. Detalles como este requieren de un planteamiento específico. A través de ADACE (Asociación de directoras y directores de arte contemporáneo), se está trabajando para crear un protocolo común. Es decir, una hoja de ruta para que todos los museos nacionales lleven a cabo las mismas fases de actuación. Pienso que hay dos áreas: una es técnica, en relación a aforos, tiempos, higiene y demás. Otra es conceptual, ya que nos obliga a preguntarnos por un futuro ¿debemos proyectar otros modos de plantear la experiencia en el museo? me refiero a ‘en él’ y no ‘desde él’. Esta gran crisis nos obliga a reflexionar con el fin de actuar en torno a sostenibilidad, tecnología, lo público versus lo privado, el control…”

Hay un término que circula en los últimos días: “nueva normalidad”. Además de la contradicción evidente que supone hablar de “novedad” y de “norma”, hay un claro desconcierto sobre cómo vamos a desenvolvernos socialmente, cómo vamos a volver a habitar ciertos espacios públicos y, en concreto, los museos. Como dice Santiago Olmo, director del CGAC (Santiago de Compostela): “El museo no es solo las exposiciones o la colección: abrir un espacio y no poder activar los programas de actividades puede ser un problema grave”. Desde el MUSAC (León), su director Manuel Olveira afirma: “Nunca habíamos tenido una crisis sanitaria como esta. Por ello, estamos evaluando posibles medidas y escenarios. No sabemos ni cómo ni cuándo podremos abrir los museos ni si los habremos de cerrar después ante futuras eventualidades de la crisis sanitaria. Lo que está claro es que habrá –hay ya- un cambio claro que hará que nuestras formas de trabajar, producir exposiciones o actividades y hacerlas llegar y compartirlas con diferentes sectores de públicos sean radicalmente diferentes. (…) A ese respecto, estamos pensando en cómo hacerlo y con qué medidas. Más allá de las que tengan que ver con cómo replantear a nivel organizativo, si fuera necesario, las actividades que desarrollamos (los aforos, las distancias, etc.) nos preocupa especialmente las que tienen que ver con la seguridad de nuestros equipos y de nuestros públicos: limpieza, desinfección, mamparas, vinilos para marcar distancias, revisión de aforos, entradas y visitas reguladas por horas …”

Todos los directivos coinciden en seguir las pautas que dicten las autoridades sanitarias, pero hay cuestiones algo más complejas que no siempre suscitan tanto respaldo. Preguntamos a Santiago Olmo sobre cómo valora la actuación del Ministerio de Cultura y su mayor responsable, Rodríguez Uribes: “La actuación del Ministerio ha sido inicialmente la que responde a un modelo donde la cultura y el arte no son percibidos como estratégicos o centrales, sino que se sitúan en un segundo o tercer plano. Además, todo el arco parlamentario en estos temas suele coincidir bastante en su desinterés y tiende a considerar la cultura como una “maría” que ocasionalmente se convierte en apoyo ideológico e identitario, en consigna y en retórica populista. Lo más grave creo que ha sido la insensibilidad hacia un sector cultural muy precario, los artistas, las galerías, la crítica, los comisarios independientes, las personas que trabajan en educación, talleres y visitas guiadas, la investigación, etc. Sin todo ese trabajo a su alrededor, los museos no pueden seguir funcionando”. Beatriz Herráez, directora de ARTIUM (Vitoria), afirma: “Estoy segura de que desde los estamentos políticos comparten la preocupación que tenemos los profesionales de la cultura. Muchos museos todavía no nos hemos recuperado de los efectos devastadores soportados en la crisis precedente. En este momento es crucial que sepamos transmitir al conjunto de la ciudadanía el papel fundamental que juegan los museos para garantizar el acceso de todos y todas a la cultura, que es lo que nos construye como sociedad”.

Juan Antonio Álvarez Reyes, director del CAAC (Sevilla) y presidente de ADACE, valora positivamente la actuación del gobierno, “a pesar de algún traspiés dado”. A través de videoconferencia, desde la asociación han tenido una reunión con los ministros de Cultura y Hacienda donde han solicitado las siguientes medidas: ampliación por parte del Ministerio de Cultura y Deporte de las subvenciones nominativas a los principales museos, centros de arte contemporáneo y fundaciones; creación por parte del Ministerio de Cultura y Deporte de un fondo económico de emergencia destinado a artistas y otros agentes del sector para su supervivencia mediante ayudas directas e inmediatas; mantenimiento de los exiguos presupuestos de los museos sin recortes; activación de herramientas administrativas para agilizar procesos como los concursos, los procedimientos de pago y las formas de contratación y la agilización de la recuperación de los sectores empresariales de servicios que rodean a los museos (transportes especializados, montaje, servicios de atención al público, etc.) y de sus propios equipos externalizados.

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Si imaginamos ese supuesto “museo del futuro” una de las primeras preguntas que vienen a la mente es cómo compatibilizar los programas de actividades públicas y de mediación con el distanciamiento social. Desde el MACBA, donde en los últimos años se ha impulsado ese departamento, Ferrán Barenblit apuesta por seguir en la misma línea: “Por su propia naturaleza, los programas públicos permiten llegar hasta lugares que otras prácticas del museo -sobre todo, la exposición- no pueden acceder; una conexión vivencial y emocional, además de intelectual, difícil de reproducir por otros medios. Un lugar en el que construir a partir de la experiencia, que permite aún más apartarse de las lógicas imperantes en nuestra sociedad hiperproductiva. De hecho, muchas de las ideas que ahora están emergiendo, ya aparecían en muchos de los programas públicos que hemos organizado en los últimos años”. Quizá estemos hablando de una cuestión de escala: “Superar la geometría de los grandes salones para generar el debate en pequeños grupos de amantes del saber. La verdadera apuesta será cómo conseguirlo huyendo del elitismo: quizá una buena respuesta la tendremos en las microcomunidades que nos rodean, y en las ricas relaciones humanas que ellas ponen en marcha”. Gilberto González habla de lo local, en oposición a lo localista: “Nuestro plan inicial es el de distribuir la programación de 2020 también en 2021 pero queremos también abrir un campo de reflexión sobre el modo en que en la sociedad, y en concreto en la de Tenerife, vamos a vivir ahora y cómo este es uno más de los periodos de crisis y aislamiento que históricamente se han vivido en la isla. Hacia ello vamos a enfocar nuestros programas de mediación”.

Esas propuestas quedan en el aire, de momento, y también la perspectiva del futuro. Ante la pregunta de qué medidas adoptarían particularmente cada uno de los directivos entrevistados en sus respectivos centros, las respuestas vuelven a variar, pero hay una visión compartida sobre reconstruir la idea actual de museo. Santiago Olmo se muestra, en sus propias palabras, “pesimista. En general en España parece que no hay voluntad política de llegar a pactos transversales en los que se aborden cuestiones de estado con el objetivo de resolver: cualquier asunto da pie para machacar al contrario sin arrimar el hombro, y lo que un partido pide en el parlamento lo niega en las comunidades autónomas dependiendo si gobierna o es oposición. Es dramático”. Beatriz Herráez habla de “laboratorio -una idea que no es nueva en absoluto-, pero quizás sea un buen momento para subrayar la función epistémica que puede cumplir el arte poniendo en relación otros saberes”. Herráez propone forma más que contenido: “Más que una medida, sugeriría pensar en lo necesario que es establecer un compromiso que garantice el desarrollo de los proyectos a largo plazo, un diálogo que no responda solo a la urgencia de la crisis y que se sostenga en el tiempo. Y desde luego, pediría siempre que ese compromiso se iniciase con el trabajo realizado por los y las artistas, algo fundamental y sin lo cual no tendría sentido nuestra misión”.