El artista mexicano Francisco Toledo ha fallecido este 5 de septiembre a los 79 años. Activista, ambientalista, grabador, ceramista y promotor cultural, está considerado uno de los artistas plásticos más importantes de México. Su arte refleja su aprecio por la estética de la naturaleza, haciendo especial hincapié en aquellos animales que no son bellos convencionalmente como monos, murciélagos, iguanas, sapos, cabras, vacas e insectos. Toledo hizo uso de la modernidad y la vanguardia de otras civilizaciones, como la europea, para su trabajo, mostrando un sentido de lo fantástico desarrollado al crear criaturas antropomórficas que son monstruosas y juguetonas. También recurrente en su obra es la sexualidad, ya que en sus piezas hay una especie de sexualización de la realidad, un escenario que no difiere entre lo fantástico y lo real y que funde a ambos en el erotismo.

En su activismo destaca la obra que realizó en 2014 compuesta por 43 cometas, conocidas en México como «papalotes», con cada uno de los rostros de los estudiantes de Ayotzinapa que fueron víctimas de la desaparición forzada. Además de su papel como artista, también fue fundador de varias instituciones en su estado como el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Natural y Cultural del Estado de Oaxaca (Pro-Oax) y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO). Toledo ha sido uno de los artistas mexicanos más internacionales, expuso en Toulouse, Londres, Nueva York; vivió y trabajó en París, donde conoció al poeta Octavio Paz y al pintor Rufino Tamayo. A lo largo de su carrera ha recibido premios como el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1998; el Premio Príncipe Claus en 2000, o el Premio Right Livelihood en 2005.