Una oleada de mensajes llenos de cariño y nostalgia despidieron el pasado viernes 22 de mayo a Antonio Bonet Correa, uno de los grandes maestros españoles en Historia del Arte. El historiador falleció a los 94 años en Madrid, ciudad donde pasó buena parte de su vida presidiendo, entre otras, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La institución, que lamentó profundamente la pérdida, recordó a Bonet como «un mentor luminoso y entregado, el máximo referente en numerosos campos del conocimiento, el último de los grandes maestros de su generación […] un hombre sabio, con la humildad propia de los grandes de verdad».

Fue profesor de discípulos como Estrella de Diego, Juan Antonio Ramírez, Ángel González o Calvo Serraller. En el obituario que publica El País, De Diego recuerda cómo el maestro, de espíritu inquieto, «tenía la extraña cualidad de contagiar su enorme entusiasmo por el conocimiento», una característica que no perdió a lo largo de su larga trayectoria profesional: Bonet fue, entre otras, docente en la Soborna, miembro del Real Patronato del Museo Nacional del Prado y catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid.

Su trabajo ha sido reconocido en numerosas ocasiones, recibiendo el Premio Nacional Menéndez Pelayo por su tesis sobre la Arquitectura Barroca del siglo XVII, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio Fundación Amigos del Museo del Prado, entre otras distinciones. Su incansable gusto por el estudio y la divulgación artística hizo que Bonet nunca dejase de escribir, enseñar y fomentar el conocimiento sobre la historia del arte: en sus últimos días se dedicó a ultimar un texto sobre el pintor de la nueva figuración madrileña Guillermo Pérez Villalta. Además de dedicar su vida al estudio y divulgación del arte y la arquitectura, durante la dictadura Bonet fue miembro de la Junta Democrática de España, un compromiso que le llevó a su encarcelamiento en 1975.