OPINIÓN

Hemos abandonado hace demasiado tiempo el campo, los pueblos, las pequeñas ciudades. Nos hemos alejado de la naturaleza, apostándolo todo a una sola jugada: la gran ciudad. Cambiamos los arboles por las farolas y los semáforos, las vistas al campo por una fachada de ladrillos en primer plano. Las calles limpias y el olor a chimenea, o a tierra mojada, por el del tubo de escape y los contenedores de basura desbordados, y la suciedad en cualquier esquina…

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