OPINIÓN

  • Mientras todos hablan de otra cosa

Las navidades, el partido de fútbol de tu equipo, los regalos de Reyes, Roma, el ascenso de la derecha en Europa, en USA, en Brasil… si AMLO cumple o no cumple… La revolución burguesa de los chalecos amarillos franceses (no se han dado cuenta de que la única revolución es la burguesa); mientras todos hablan de otra cosa, otra mujer ha sido asesinada en España. Como todavía no son tantas las mujeres asesinadas en España como las que mueren cada día en México o en India o en cualquier lugar de África, en España todavía es una noticia escalofriante. Una joven profesora recién llegada a un pueblo de 2.000 habitantes, sale a correr y ya no regresa. Su cuerpo escondido y semidesnudo aparece en una acequia donde nunca hubiera podido llegar por su cuenta. No hacen falta más datos. Seguramente retenida a la fuerza, violada y asesinada. Veintiséis años, una vida menos. Una mujer menos. No pasa nada, son muchas las mujeres que mueren cada día a manos de algún hombre, por sexo o simplemente porque se le ha ido la mano un poco.

Ahora, como esas golondrinas que vuelven cada año, vienen los pésames, los llantos, los minutos de silencio, otra familia quebrada sin ninguna explicación. Una vida menos. Todo pasará, otra víctima no tardando mucho vendrá a tapar y renovar el desastre que significa un asesinato de este tipo. Son tantos, tantos, tantos.

Pero mientras tanto, después del minuto de asombro, de incomprensión (“¿Cómo puede haber gente capaz de hacer algo así?”) todos seguiremos hablando de las navidades, el partido de fútbol de tu equipo, los regalos de Reyes, Roma, el ascenso de la derecha en Europa, en USA, en Brasil… si AMLO cumple o no cumple…. La revolución burguesa de los chalecos amarillos franceses… Una mujer menos.

En los juzgados se sigue declarando inocente a los violadores porque una niña de 11 años parecía que tenía 13. Porque, aunque eran cinco hombres contra una mujer aún más joven, y la encerraron en un portal para violarla, grabarla, robarle y dejarla allí tirada, parece que ella no se resistió lo suficiente; “hay signos inequívocos de placer en sus gemidos”, llegó a decir un juez. Y cuando se les condena por matar a su mujer como mucho son 10 años de condena, que con buena conducta (ayudar en la cocina de la cárcel, por ejemplo) pueden ser rebajados y el asesino quedar libre para, con toda seguridad, volver a hacerlo otra vez.

Yo hoy no puedo hablar de otra cosa, porque sabía a ciencia cierta, cuando leí la primera noticia de la desaparición de esta profesora de 26 años recién llegada al pequeño pueblo, que estaba muerta. Que un hombre había intentado abusar de ella y la había matado. Lo sabíamos todos. Como todos sabemos que, aunque una niña parezca de 13 años, violarla no es lo adecuado, ni eximente para dejar libre al violador, culpable solamente de calcular mal la edad de su víctima.

Y esto es un pequeño grano de arena en todas las playas del mundo. ¿Qué es lo que pasa? No hay necesidad de violar a nadie para tener sexo, desgraciadamente existe la prostitución (y esta es una prueba más de que su existencia es otra lacra que además no sirve para una mierda). Por qué suceden estas cosas, por qué los soldados de cualquier guerra, ya sean universitarios de Yale o mercenarios de Yemen, violan sistemáticamente a las mujeres que encuentran a su paso, es algo que no tiene explicación. Todos ellos tienen madres, hermanas, hijas, novias… incluso los jueces españoles tienen mujer, hija, hermana y madre… pero les sigue pareciendo que en los gemidos de una niña aterrorizada por cinco bestias “hay signos inequívocos de placer”. O que violar a una chica que sale de fiesta está justificado.

Realmente esto no le importa a nadie mas que a las mujeres, que nos manifestamos, gritamos y pedimos, exigimos, que “Ni una más”, que “queremos volver a casa vivas y libres”, pero que nada conseguimos con ello, porque nuestros violadores y asesinos son ellos: los jueces, los policías, los amigos de nuestros novios, los amigos de la familia, los hombres de la familia… los hombres. Los que tienen el poder y deciden que 10 años por violar y matar a una mujer, 9 años por violar en grupo una chica (abuso sexual, ojo, no violación), pues que ya es suficiente.

No le importan a nadie los miles de mujeres violadas y asesinadas en México ni en Guatemala, como no le importan a nadie los muertos en la guerra de Yemen. Ni las muertas en España ni en ningún sitio. En las grandes guerras, en las luchas de guerrillas, nunca se habla de la violencia contra las mujeres, solo por estar ahí, por estar, por ser mujeres. Nadie habla de las violaciones de las guerrillas y el ejército en Colombia, ni de las de la guerra de Vietnam, ni de las guerras mundiales, ni de la guerra civil de España. No le importamos a nadie.

¿Qué dice la cultura, qué dicen los artistas, qué dicen los intelectuales? Todos están hablando de otras cosas. La creatividad, el sonido de Netflix, si Reygadas es mejor que Cuarón, sobre la lista de películas que aspiran al Goya, sobre el último cuadro restaurado de Caravaggio, sobre el recorte de presupuestos de la UNAM en México, sobre aclarar de qué hablamos cuando hablamos de arte. Están todos muy ocupados para pensar en una mujer violada y muerta. No le importamos a nadie.