La obra de Louise Bourgeois es, sin duda, una de las referencias más claras en el arte contemporáneo a la relación de la creación con la biografía, con la memoria personal, con los traumas de la infancia. La propia artista parece hacer girar todo su proceso creativo alrededor de su vida, de su familia, de sus recuerdos… incluso desde la tardanza en afrontar todas estas memorias a través de su obra ya en una edad madura. Sus recuerdos hechos escultura, dibujos, siempre nos hablan de la familia, del amor/deseo y el amor /fracaso. Son, en definitiva, una relación de malas experiencias las que va dando forma en un trabajo lleno de simbología, una especie de abecedario del trauma. En esta ocasión se reúnen en una gran exposición una gran parte del trabajo de Bourgeois realizado con materiales textiles, bien exclusivamente, bien en conjunto con otros objetos y otros materiales.

Desde el 22 de julio hasta el 23 de octubre se puede ver en la Gropius Bau de Berlín la muestra The Woven Child (el niño de tejido, en una traducción literal) que reúne la producción de la escultora relacionada con el tejido, tanto en escultura como en sus instalaciones, dibujos y bocetos o grabados. Esa parte que está considerada como la producción más íntima y personal de toda su creación, y que sólo empezó a dar forma a una edad ya muy avanzada, utilizando un material que había guardado siempre como quien guarda los muñecos de su infancia, los vestidos de la comunión, el traje de novia… recuerdos llenos de carga emocional y simbólicos, no sólo por marcar momentos concretos, sino por su relación con otras épocas y otras personas. Para Bourgeois utilizar, finalmente, todo este material en su obra era también una forma de conservarlo para siempre: convertirlos en obra de arte, preservando así también, de alguna manera, lo que estos objetos significaron en su día. Sin duda se trata de la mayor muestra de obra de Louise Bourgeois reunida sobre este tema, y nos va guiando a través del proceso de creación de estas piezas de su propia biografía, y de los temas que centran todo su trabajo, como la memoria, lo femenino, el trauma y la reparación.

 

Louise Bourgoise siempre ha sido una artista muy peculiar, diferente en su forma de enfrentarse a la creación, e incluso al mundo del arte. No solamente por empezar a crear a una edad ya madura, llegando al mundo del arte como sin previo aviso, realizando una obra inclasificable en los parámetros del momento, sino que realizaría una producción inmensa de obras de todo tipo, sin sentir el paso del tiempo, como en un proceso curativo que ocupó el resto de su vida. De hecho, es en las dos últimas décadas de su vida cuando la artista, ya en una avanzada edad, inicia este capítulo nuevo en su producción, con una tipología escultórica nueva, con instalaciones en las que reúne escultura, muebles, telas, y otros objetos y un impresionante número de dibujos y libros. Siempre relacionándolo todo con el textil (desde ropa hasta fragmentos de tapices o cortinas de las casas de su infancia hasta figuras tejidas expresamente en fibra y lanas). Es en esta última etapa de su producción donde los investigadores encontraran las claves finales a todo el enigma de su vida y de su trabajo, el corazón de todos sus miedos y sus recuerdos. Al final, posiblemente, la superación de los problemas en un último enfrentamiento.

No hay que olvidar que la familia de la artista estaba muy relacionada con el textil, ni tampoco la idea, inevitable recordarlo, de que la ropa es “una segunda piel” que no sólo está en contacto o forma parte de nosotros, sino que es la superficie que está en contacto con los otros. Es, también, lo que los demás muestran de ellos mismos. Por estas piezas desfilan sus miedos y sus sentimientos de culpa, pero también su padre, sus hermanos, ella misma. Y, por supuesto, la idea de la madre en forma de esa araña que ya es un símbolo de su escultura, los amantes convertidos en un solo cuerpo, blando y flexible, pero aislado del entorno, las celdas, como lugares que nos protegen pero que también nos aíslan, como el hogar. En definitiva, una exposición esencial para los antes de Bourgeoise, pero no solo para ellos, sino para todos los que puedan estar interesados en el arte actual, en la evolución de la escultura, en la investigación de lo que significa lo femenino en el arte, a cualquier aficionado al arte. Y nos aclara, repitiendo las palabras de Christian Boltanski, de que a veces la mejor terapia se realiza a solas, en el taller, dando forma a la obra.

The Woven Child, esta comisariada por Ralph Rugoff (director de la Hayward Gallery de Londres) y Julienne Lorz (anterior directora del Gropius Bau) las dos asociaciones que han realizado y expuesto la muestra.

(Louise Bourgeois, The Waven Child,en Gropuis Bau, Berlín. Hasta el 23 de octubre de 2022).