Durante 1988 Jan Fabre pasó noches enteras sin dormir. El artista dibujó, coloreó y borró de manera obsesiva toda una cosmogonía de tornados, ciclones, olas gigantes y tormentas con un bolígrafo desechable que dotó a sus composiciones de un azul metálico. Tras noches y noches en vela, produjo una serie de dibujos que acabó vendiendo a un mecenas generoso. Su obra permaneció intacta y olvidada durante 30 años. Recientemente desenterrados, ahora están expuestos públicamente por primera vez en la muestra L’Heure Sauvage de la Galería Templon de Bruselas.

En 2018, Fabre hizo uso de la misma tinta azul para cubrir su esculturas: cráneos humanos que actúan como espejos y que nos ofrecen una visión inquietante de nuestra propia mortalidad. En ellos quedan adheridos esqueletos de animales que atrapan las bocas de las cabeza humanas o que se agarran a sus superficies. Al juntar sus dibujos y esculturas, el artista crea una colisión entre la catarsis que transmite en los primeros y las amenazas ambientales que plasma en las segundas.

Jan Fabre (Amberes, 1958) vive y trabaja en Amberes. Sus esculturas e instalaciones abordan temas recurrentes, como la metamorfosis, el diálogo entre el arte y la ciencia, la relación de la humanidad con la naturaleza y el artista como guerrero de la belleza. Desde 1998 pertenece a la Real Academia Flamenca de Ciencias y Artes de Bélgica.

(L’Heure Sauvage, en la Galería Templon, Bruselas. Del 9 de enero al 22 de febrero)