OPINIÓN

Cuando dejamos la niñez atrás, cuando ya vamos acumulando años, recordamos aquel momento en el que perdimos la inocencia. Aquel día que sucumbimos a la tristeza por primera vez, lejos en el tiempo. Un día nos sentimos abandonados, solos, tristes. Lloramos ríos de un dolor vacío que no entendimos, y levantamos un muro defensivo que nos apartó del llanto durante años. La tristeza ya siempre nos acompañaría desde entonces…

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