Realizar una exposición es el objetivo que tenemos todos los comisarios o curators del mundo. Poder hacer esa exposición que llevamos en la cabeza pero que resulta tan difícil. Difícil por falta de medios, difícil porque reunir a esos artistas, esas obras dispersas por colecciones y museos es casi imposible. Imposible porque no hay museo que se atreva a hacerla.

Hacer, comisariar una exposición es un trabajo muy duro: hay que tener una idea original, diferente, hay que conseguir un museo, una institución que acepte el proyecto y tenga presupuesto; luego hablar con los artistas, convencerles, que se interesen por participar. Las obras hay que encontrarlas, y esas obras concretas, no cualquier otra.Que los propietarios las presten, y si son históricas, si están en museos aún más difícil. El montaje, el diseño, que todo tenga ritmo, que lo que se quiere decir se vea, se sienta en las salas. La señalética, los textos de mano. El catálogo, que esté a tiempo, porque inaugurar sin catálogo es una mancha que no se quita. Y la rueda de prensa, que vengan todos los que tienen que venir, que la prensa venga y la trate bien, que guste. Que todo salga bien es una suma de ingenio, conocimiento, brillantez, medios, equipo y suerte. Tan difícil que es casi imposible.

Aquí tenemos una posibilidad de hacer, al menos de presentar esa exposición imposible que nadie te va a pagar, que ningún museo te va a aceptar, que nunca podrás hacer. Estáis invitados todos los comisarios, los jóvenes y los ya profesionales. Los que nunca han comisariado nada y los que viven de ello. Estáis invitados a soñar, a mezclar Rubens con Botero y a los jóvenes artistas con los artistas eternos. Porque aquí solo aceptamos exposiciones imposibles.

La primera exposición está comisariada por Sergio Rubira, antiguo director de EXIT. Actualmente es Conservador Jefe de Colección y Exposiciones del IVAM y profesor de Historia del Arte Contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid:

PROHIBIDO TOCAR(SE)

Todos hemos visto fotografías de galerías, de museos y salas de exposiciones vacías, sin nadie paseando entre las obras que se muestran o deteniéndose delante de alguna. En algunas incluso podría parecer que ni siquiera el fotógrafo había estado allí. Tan aséptico nos resulta el punto de vista que se piensa que él también se ha ausentado. Sin embargo, sabemos ya que las fotografías engañan y que nunca nada es lo que parece y con las de galerías de museos y salas de exposiciones sucede lo mismo. Esas habitaciones que se presentan sin gente, están habitadas o son habitadas. Los guardias hacen sus rondas; los auxiliares de sala se sientan o dan vueltas esperando a que llegue alguien; los conservadores se pasan para chequear que todo está en orden; los restauradores limpian el polvo a las obras y apuntan los datos de temperatura y humedad; los mediadores acompañan a los grupos, y los visitantes recorren rápido las salas o saltan de un obra a otra, leyendo primero la cartela y reconociendo después lo que ven colgado en la pared, sobre una peana o dentro de una vitrina.

Lygia Clark, Máscaras sensoriales

Lygia Clark, Máscaras sensoriales

Yoko Ono, Cut piece

Yoko Ono, Cut piece

Esas imágenes de galerías y salas de exposiciones vacías, sin habitar, que eran tan habituales entonces y que aún hoy pueden verse, son el síntoma que manifiesta una idea de museo, la de un lugar higiénico, un espacio higienizado, limpio, inodoro y estéril. Parece que los cuerpos molestan, algunos siempre más que otros, en esos cubos blancos, aunque a veces no lo sean tanto, blancos. Los cuerpos inhalan y exhalan, escupen, sangran, sudan, excretan, huelen, pesan y son calientes. Los cuerpos tienen que ser controlados, estar controlados, por eso el museo es también el territorio de la autoridad, la norma y los protocolos. Hay que comportarse de un modo determinado, se espera que se haga así. No se toca. No te acercas. No se corre. No te agachas. Ni tampoco casi te sientas. No se grita. Apenas debe hablarse. No se llevan mochilas, hay que dejarlas en las consignas, como también la historia propia porque en el museo se trata de otra Historia, que se pretende con mayúscula.

VALIE EXPORT, Tapp und tastkino

VALIE EXPORT, Tapp und tastkino

Marina Abramovic y Ulay, Imponderabilia

Marina Abramovic y Ulay, Imponderabilia

Ahora han regresado esas imágenes que tanto se habían visto. Las galerías de los museos y las salas de exposiciones se han convertido en almacenes. Volverán a habitarse pero también regresará, si se fue del todo alguna vez, y se impondrá la idea del museo, del centro de arte, de la sala de exposiciones como quirófano: higienizados, limpios, inodoros y estériles. Serán imposibles esas obras en las que los cuerpos, más allá de los ojos, importan. Ya definitivamente no se podrá tocar, ni, por supuesto, tocarse. Nunca se podrán rehacer acciones como Imponderabilia, de Marina Abramovic y Ulay, porque los cuerpos no podrán restregarse unos con otros, sentirse unos a otros. Si antes resultaba incómodo, ahora será irrealizable. Tampoco se volverán a utilizar las Máscaras sensoriales de Lygia Clark que pasarán a ser esculturas dejadas caer encima de una peana y protegidas por una catenaria, perdiendo todo su sentido. VALIE EXPORT no podrá volver a poner en escena Tapp und tastkino y enfrentar no imágenes de cine sino su cuerpo real, o el de una performer, con el de los espectadores hombres que se acercan. A Yoko Ono se le impedirá repetir su Cut Piece, ninguna se quedará quieta mientras el público le rompe con unas tijeras su vestido. Esther Ferrer no medirá más cuerpos ni se dejará medir más el cuerpo como hace en Íntimo y personal. No sólo estará prohibido tocar, sino que tocarse también lo estará.

Esther Ferrer, Intimo y Personal (Partitura)

Esther Ferrer, Intimo y Personal

Sergio Rubira