Lo que nace con vocación de apoyar a los jóvenes comisarios se convierte, de manera intencionada o no, en un pequeño resumen de lo que sucede en el mundo del arte actual y sobre las derivas del arte contemporáneo. Inéditos, el programa de apoyo a jóvenes comisarios menores de 35 años, cumple su decimonovena edición y lo hace con tres proyectos que si bien son algo irregulares en cuanto a calidad y discurso, juntos forman un panorama que nos sirve para reflexionar sobre el estado de la cuestión en la producción artística. Los ganadores de este año son Sergi Álvarez Riosalido, Lorenzo García- Andrade e Inés Muñozcano, seleccionados por un jurado formado por Mery Cuesta (crítica de arte y comisaria), Joâo Laia, comisario jefe de Kiasma (Helsinki) y Yolanda Romero, jefa de Conservación del Banco de España. Muñozcano presenta Viral identities, basado en internet como espacio de generación de identidad y de paradojas, que nunca está de más revelar: si por un lado se parte de una determinada “democratización” del uso y disfrute de las redes sociales, por otro estas fomentan prácticas y discursos patriarcales, heteronormativos e inscritos en una determinada política estética. Los artistas presentes en esta exposición, Amalia Ulman, Tabita Rezaire, Angelo Plessas y Jon Rafman, reflexionan sobre estas contradicciones y utilizan la red para de alguna manera “hackear” sus códigos. Por su parte, Un amor salvaje que arruina nuestra paz, de Sergi Álvarez Riosalido parte de la idea de amor entendiéndolo como salvaje, algo que ni se domina ni se controla y es capaz de suscitar una destrucción, esto es, un espacio vacío, una transformación. Siguiendo las estructuras lacanianas del deseo y del amor, el discurso curatorial se va articulando en torno a distintas piezas heterogéneas (un Cristo románico, un texto de Marguerite Duras, las míticas fotografías de Javier Campano sobre la performance de Allan Kaprow Confort zones, Diana Artus, José Ramón Ais, June Crespo, Vladimir Ilick Lenin y Laura Torres, entre otros). Estas, sostenidas por una fuerte coherencia discursiva, ahondan en la mercantilización del intercambio capitalista y lo que el sistema entiende por dar y recibir amor. El display expositivo, si bien es cierto que parte de supuestos conceptuales y eruditos, se hace perfectamente legible para cualquier tipo de mirada. De hecho, es parte de la tesis de la exposición: lo universal (y lo irremediable) del vínculo amoroso en tanto que experiencia humana.

Radicalmente distinto en planteamiento y formato es La pista de Lorenzo García- Andrade. Aquí el display es una pista de pádel, que se irá activando a lo largo del tiempo que dure la exposición. Con la idea de introducir una pista deportiva en un centro cultural como La Casa Encendida, se busca reproducir de alguna manera el ecosistema que implica el mundo del deporte insertándolo en el del mundo del arte. A lo largo de los tres meses de exposición el espacio será activado por distintos agentes como María Buey, Javier Cruz, Elcatoconmoscas, Andrea González o Taller de casquería, entre otros, además de por los propios visitantes, que podrán inscribirse para hacer uso de la pista deportiva. Una propuesta que tiene que ver con procesos de mediación, que rompe frontalmente con ciertos códigos del lenguaje expositivo y que, junto con el resto de proyectos ganadores, puede suscitar un debate interesante sobre la idoneidad de este tipo de planteamientos para contextos como La Casa Encendida. Sea como fuere, es cierto que las tres exposiciones dibujan un mapa aproximado de lo que pasa ahora mismo en las artes visuales contemporáneas: vamos «nadando» entre exposiciones de tesis – que entendemos, disfrutamos y sabemos leer- , nos bilocamos en identidades digitales y también queremos hacer actividades cotidianas dentro del espacio expositivo. Quizá no se puede estar en los tres sitios a la vez.

(Inéditos 2019 en La Casa Encendida, Madrid. Desde el 7 de junio hasta el 1 de septiembre de 2019)