El goce es uno de los aspectos fundamentales en la narrativa actual del trabajo. Sus implicaciones, contradictoriamente, no son el aumento del placer en el ámbito laboral sino el aumento de la temporalidad y la dedicación al trabajo. A esta situación se añade, además, la cuestión de la “recompensa” y sus complicidades en el ámbito de lo material. Desde esta perspectiva, el chocolate es una sustancia que condensa muchos de los aspectos que definen la condición laboral contemporánea y lo social entendido como sistema. Indigo Eye de Rubén Grilo se enmarca dentro de la serie de exposiciones Mirror Becomes a Razor When It’s Broken de Sonia Fernández Pan y puede verse en CentroCentro hasta el 24 de marzo.

Como materia, el chocolate parece destinado a satisfacer permanentemente un deseo insatisfecho. También es una sustancia tramposa: el resultado de diversas mezclas que, sin embargo, remiten continuamente al fantasma de una supuesta pureza vinculada a la ficción de lo artesanal. Como objeto, las diferentes formas que adquiere son el resultado de técnicas de control sobre la materia, en las que el molde funciona como la promesa de la infinita reproductibilidad a través de un patrón y como ejemplo de la menor materialidad o invisibilidad de unos elementos sobre otros. Reconvertido en moneda, el chocolate invoca no sólo cierta condición de fetiche contemporáneo, sino su propio pasado como materia de intercambio económico o su vinculación histórica con las élites sociales. Indigo Eye es una exposición que funciona como un sistema de filtrado en el que también aparece una fantasía recurrente: el carácter único e irrepetible del molde que configura la identidad.

(Indigo Eye de Rubén Grilo en CentroCentro, Madrid. Hasta el 24 de marzo de 2019)