Imagen y escritura. Mirar y leer. La relación problemática entre ambos términos es algo tan antiguo como inacabado. Esta es el punto de partida de No se escribe, luminosamente, sobre un campo oscuro, exposición comisarida por Óscar Fernández en el Centro José Guerrero (Granada) y que puede visitarse del 13 de abril al 24 de junio.

La manera de habitar la fricción entre el texto y la imagen es, precisamente, desde el conflicto, con la voluntad de habitar un problema sin la necesidad de resolverlo. Por esta razón, las salas del Centro José Guerrero que ocupa la exposición se asemejan a un campo de batalla salpicado de ruidos, colisiones, tachaduras y dudas sin resolver. El propósito de Óscar Fernández ha sido, en este sentido, trabajar desde un lugar convulso donde la dificultad se transforma en estimulante desafío.

No se escribe, luminosamente, sobre un campo oscuro cuenta con 25 obras de hasta 20 artistas entre los que se encuentran Mallarmé, Marinetti, Juan Ramón Jiménez, Alekséi Gan, Magritte, Broodthaers, Ian Hamilton Finlay, Maurice Lemaître, William Klein, Baldessari, Rémy Zaugg, Fernando Millán, Klingelhöller, Alfredo Jaar, Ignasi Aballí, Marine Hugonnier, Javier Pividal, Rosa Barba, Michalis Pichler y Greta Alfaro, artista que aporta una obra producida expresamente para esta muestra.

La muestra se construye a través de dos grandes capítulos: “Textos contra imágenes, y viceversa” y “Pintar lo invisible, nombrar lo indecible”. En la primera sección se propone una visión panorámica de distintos episodios del arte y la literatura contemporáneos en los que las bases de la conversación entre el texto y la imagen se han construido sobre la violencia y el enfrentamiento. En esta sala se encuentran, entonces, piezas, publicaciones y manifiestos de las distintas vanguardias artísticas europeas, desde el constructivismo al surrealismo, pasando por el letrismo. La condición de irreconciliable es una constante en las obras presentes de la muestra, incluso en aquellas que se esfuerzan en potenciar el deseo de hacer converger lectura y mirada. Se trata, en este sentido, de una fluctuación del intelecto hacia la carne, del mundo espiritual frente al mundo sensible, en la que se condensa el conflicto de la escritura contra la imagen, de la literatura contra la pintura.

Marcel Broodthaers, La pluie (Projet pour un texte), 1969.
Colección MACBA. Fundación MACBA, ©Estate of Marcel Broodthaers, VEGAP, Granada, 2018. Foto Gasull Fotografía

Por otro lado, “Pintar lo invisible, nombrar lo indecible” es el apartado mediante el cual se presta atención al modo en que esta  deriva conflictiva de la imagen contra el texto ha permeado al ámbito de lo pictórico. El conflicto se desplaza, así, de la hoja en blanco del libro a la pared del museo. Cuando la pintura representa la imposibilidad de crear sus propios objeto, del mismo modo que la escritura expresa su imposibilidad de seguir diciendo, emerge un arte que no se da a ver, abocado a arrojar oscuridad a quien lo enfrenta. Es en la oscuridad, precisamente, en lo que se centra este segundo capítulo de la muestra, un capítulo que se articula a través de proyectos que fuerzan la invisibilidad congénita de las ‘cosas’ exteriores. Se recuperan, para ello, obras en las que el arte se ha negado a escribir con claridad y en las que la mirada ha sido denigrada proponiendo, al visitante, cerrar los ojos para que emerja otra forma de mirar.

(No se escribe, luminosamente, sobre un campo oscuro en el Centro José Guerrero, Granada. Del 13 de abril al 24 de junio)