Annete Messager (Berksur-Mer, Francia, 1943) puede ser un nombre poco conocido en España. Probablemente, su feminismo militante y el uso de objetos y materiales cotidianos –peluches, guantes, almohadones, lanas, telas o cuerdas– generalmente poco valorados, pueden ser algunas de las razones que hayan provocado que instituciones o espacios privados no hayan tenido un gran interés por su obra. En el presente que nos atañe es el IVAM en Valencia el museo que acoge una importante exposición individual de su obra: Annete Messager: pudique-publique.

Con claras influencias del Surrealismo, el Art Brut, la cultura popular o el mundo infantil, la artista se nos presenta en esta muestra como una suerte de “etnóloga” que investiga el universo femenino a través de sus vestigios, restos o huellas. Todo su plural y ambivalente quehacer artístico está ligado a una lectura combativa de género, con obras como Papel pintado de úteros (2017), que explora hasta la zonas más insignificantes de sus realidades femeninas más íntimas. Una intimidad que no se entiende si la desligamos de una lectura política que la contextualiza y conforma, y que vemos en instalaciones como El tutú despeinado (2013), u Homenaje a las costureras) (2015). A lo largo de su carrera, Messager ha reivindicado la representación fragmentada del cuerpo de la mujer como un aspecto básico de su oposición frontal al orden establecido y a las visiones machistas acerca del género. Para ella el cuerpo femenino es una figura muy definida de la libertad individual y colectiva, una imagen reivindicativa de un cuerpo propio con sus deseos y placeres, con una sexualidad específica.

En línea con las acciones del colectivo político feminista Femen, la artista viene realizando desde 2016, una serie de esculturas, dibujos e incluso papel pintado para las paredes con los que denuncia el sexismo, el racismo y la homofobia de una gran parte de la sociedad contemporánea. Dibujos de pechos desnudos de mujeres con inscripciones a modo de tatuajes Yo soy mi propia profeta, otras con sangre menstrual como Coquelicots (2016), o los que representan diversos tipos de úteros, como 4 Úteros (2016), para referirse, según señala ella misma, a sus voluntades, deseos y fuerza.

Messager trabaja mayoritariamente con objetos vinculados al mundo de la infancia que habitan nuestras casas o habitaciones, como en 2 fusils badgés (2014), o 3 Marionetas PQ (2015), pero que la artista consigue presentárnoslos como algo lejano e inquietante. Desde sus inicios, la obra de Messager ha estado muy vinculada a su trabajo con el espacio, a la creación de una dimensión teatral a través de la colocación de muy diversas figuras animales y humanas, que recrean una reflexión acerca del individuo mediante una visión dantesca, sarcástica y, a la vez, lúdica de los personajes. Le gusta crear ambientes oscuros o abigarrados para que los espectadores puedan ir descubriendo poco a poco el número de elementos que conforman el conjunto de la instalación. Así ocurre en las dos instalaciones de gran formato que se muestran en el IVAM. La de mayor tamaño es Sous-vent (2008); en ella la oscuridad invita a olvidar que nos encontramos en un museo para introducirnos en un mundo creado por la artista, un mundo cubierto por una inmensa tela de seda que cubre todo el espacio y que se mueve lentamente agitada por irregulares soplos de aire al compás del movimiento de la respiración humana, gracias a los ventiladores eléctricos situados debajo. En la otra gran instalación, titulada Motion-Emotion, vestidos, objetos de plástico y muñecos se mueven agitados por el aire que generan una veintena de ventiladores. Para Messager, las obras de arte están ligadas directamente a los secretos. Por ellos considera que no se debe decir o desvelarlo todo. Buena prueba de ello es su obra más reciente mostrada en la exposición, Sleeping Deep Red (2018), un saco de dormir acolchado colgado de la pared del que sobresalen algunas manos negras en sus extremos. Su potente color rojo y la forma que le ha dado la artista recuerda al sexo de una mujer. De nuevo, un objeto cotidiano común, como es un saco de dormir, adquiere una gran significación sexual al estar colgado en medio de la pared.

(Annete Messager: pudique-publique en el IVAM, Valencia. Hasta el 4 de noviembre)