El pasado 10 de septiembre fallecía en París el fotógrafo William Klein (1926-2022). El título de esta noticia podría ser “adiós al fotógrafo de la alegría y la libertad”, pero ya cansados de tantos textos sobre grandes artistas que nos dejan solo llegamos a decirle “adiós, Billy, buen viaje”. William Klein nació en Nueva York y llego a Francia con el ejército americano en la Segunda Guerra Mundial. Y decidió quedarse. Volvió con la paz y allí ha vivido hasta el final. En 1948 ingresó en la Sorbona para estudiar pintura y escultura, fue alumno de Leger, quien le aconsejó que se alejara de las galerías y saliera a las calles, que mirase los edificios, las gentes. Y eso es lo que hizo, cambiando el pincel por la cámara fotográfica. Klein es uno de los maestros pioneros de la Street Photography y también uno de los más destacados fotógrafos de moda de los 60. En los dos temas fue un innovador; sus fotos de moda fueron frecuentemente censuradas y cortadas, ya que enfrentaban a gente de la calle con las modelos, incluía personas de color que quitaban protagonismo a las modelos… en las fotos callejeras seguía el ritmo real de la calle, de los niños, la violencia y el humor están presentes en una mirada personal y tan agresiva como su blanco y negro rabioso, sus innovaciones técnicas, su necesidad de cambio de ser diferente. Tal vez de ser auténtico.

Su primer libro Life Is Good & Good for You in New York:Trance Witness Revels se publicó en 1955, sería un hito de lo que hoy se llama fotobook, pero en su día los fuertes contrastes, las páginas en negro, las imágenes a sangre, los primerísimos primeros planos, la superposición de imágenes, todo lo que era diferente y nuevo, su ironía y su frescura no fueron bien recibidos por las autoridades estéticas que vieron en el un ataque a los cánones de la gran fotografía. El tiempo, como casi siempre, puso las cosas y a las personas en su sitio. Klein trabajó para Vogue, hizo cine con la misma frescura que en fotografía y desigual suerte, y ha acabado siendo reconocido, simplemente, como uno de los más grandes. También fue uno de nuestros suscriptores al que encontrábamos en cada edición de Paris Photo. Nos quedan sus fotos, pero sobre todo nos queda una brisa de alegría y autenticidad cada vez que miramos esas imágenes.