Ayer, 14 de julio, falleció a los 76 años Christian Boltanski, uno de los artistas más reconocidos de nuestros tiempos. Su obra trató de forma excepcional temas como la memoria, la muerte o el olvido desde el video, la instalación, la escultura o incluso la pintura en sus inicios. Del mismo modo, esta preocupación se refleja en su exploración del azar que para él es uno de los mayores condicionantes de nuestra existencia. Ejemplo de esto es una de sus obras más famosas, Chance, con la que representó a Francia en la Bienal de Venecia en 2011. En esta gran instalación, Boltanski nos habla de cómo la casualidad determina nuestro futuro desde nuestro nacimiento. Tal y como explicaba en la entrevista que le realizó Belén Palanco hace unos años este asunto es central en su trayectoria: “Otra cuestión es por qué hay gente que muere y nosotros sobrevivimos y esto es por azar. ¿Por qué hay gente que muere más joven que yo y yo sobrevivo? Si eres creyente, piensas que hay gente que tiene que morir y que otros van a sobrevivir. Si no eres religioso, es por azar.”

Fotografía de Christian Boltanski

 

La biografía y la memoria son también un hilo conductor de su carrera. Fuertemente influido por el hecho traumático de que su padre fuese enviado al shoah (palabra hebrea que alude al Holocausto) en su infancia, Boltanski trata el recuerdo de una forma delicada. De hecho, a partir de los años setenta empieza a utilizar tanto fotografías como objetos que nos evocan de una forma háptica. En 2010 en la Monumenta, realiza una de sus obras más famosas: Personnes, en el que se apilaban montones de ropa con una gran grúa. A través de la ropa, Boltanski hace visible a todas las personas que pudieron llevar esa ropa y que ya no están. Este juego con el rastro que deja la ausencia, de todo aquello que se hace perceptible por el simple hecho de que ya no se encuentra, es el que realiza en 2008 en Archives du Coeur, en el que archiva los latidos del corazón de los visitantes en el Benesse Art Site en la isla de Naoshima, Japón para poder ser escuchados posteriormente.

Esta relación objetual con la memoria es la misma que vemos en Les Registres du Grand Hornu, con la que Boltanski ocupa una pared de alrededor de 40 metros con latas parecidas a las que los niños guardan sus recuerdos. En cada una de ellas, aparece una fotografía de los mineros que perdieron su vida en Grand-Hornu entre las décadas 30 y 50. Esta pieza ya no nos habla solamente de lo que recordamos, de lo que se convierte en historia, sino también de la desmemoria, de lo que se desvanece de nuestros recuerdos sigilosamente. Estas obras en las que Boltanski quería crear mitos y contar historias están más presentes que nunca tras su muerte. Christian Boltanski desaparece dejándonos un registro de todo aquello que no debe ser olvidado.