«Cáscara», «un intruso silencioso», «phármakon», «coreografía», «agitar algo con mucha fuerza», «arena». Estas son sólo algunas de las palabras y frases que Julia Spínola ha ido mencionando a lo largo del recorrido por su exposición. Palabras muy precisas que surgen en el proceso de construcción de sus esculturas y que, además, remiten directamente a acciones, contienen gestos, movimiento.

Lubricán es el título de la muestra de Julia Spínola  en el CA2M que, comisariada por Beatriz Herraez, reúne obras realizadas a lo largo de su trayectoria con obras actuales y específicas para la exposición. El título es una palabra compuesta por dos nombres –lupus «lobo» y canis «perro»– que remite a un estado en el que no es posible identificar con claridad lo que vemos y que refiere, también, al momento en que se produce la transición del día a la noche. Estas referencias a lo nocturno son muy claras en la muestra, con un gran protagonismo de la luz anaranjada y del marrón-naranja presente en los materiales y que recuerdan, de una manera u otra, a la iluminación que Madrid tiene por la noche –una referencia que se halla nada más entrar al museo, con la presencia de unas farolas que emiten luz anaranjada y que forman parte de la exposición–.

Lubricán se abre con una amplia sala que contiene diversas obras entre las que se encuentran las tres más antiguas y que condensan la estructura de la exposición, dejando entrever aquellas cuestiones y preocupaciones que se mantienen presentes en las piezas más recientes. Se trata de Frase (objeto) (2013-2018), Figuras (2013, La Panera) y Uno zurdo y uno diestro, y uno zurdo y uno diestro (2014, Museo Reina Sofía). Estas tres piezas, además de remitirnos al recorrido previo de Spínola, han sido revisitadas y se les ha añadido nuevos gestos que enlazan con la línea de trabajo actual de la artista. A Un zurdo y uno diestro…, por ejemplo, se le ha añadido una pieza más bajo el nombre Zurdo romo, una pieza que, contrariamente a las anteriores que forman la misma obra, está trabajada en bloque, no se puede desmontar y está hecha mediante resina pintada de marrón DM.

Alzanoche (2018) es una estructura inmensa de aglomerado que ocupa enteramente una de las salas. Se trata de una obra realizada específicamente para la exposición y que ha tenido en cuenta la arquitectura del propio museo. Como una estructura que encajaba a la perfección en la planta de la sala pero que, mediante un gesto colectivo, se ha levantado para apoyarse sobre la pared y tomar forma, una forma que, aunque gigante, es sutil, gracias a una iluminación que reprime las sombras. Artista y comisaria inciden en la necesidad de una coreografía de cuerpos necesaria para la construcción de esta pieza. La colaboración e intervención de otras personas ha sido imprescindible para la construcción de una pieza que, como la artística indíca «ha ido ocurriendo», una frase que recuerda muchísimo al título que Sergio Rubira escribió para un artículo a propósito de Spínola: «el arte sucede».

Volviendo a la sala principal, gran parte de su superficie la ocupa la instalación más relevante de la muestra. Se trata de las piezas Brazos, chorros, mismo (2018), Comeu (2018) y Cor-pharmakon (plomo) (2018). Según la propia artista, para su realización se ha hecho valer de un «material que lo desborda todo, de un material que funciona como un acordeón». Se trata del cartón prensado, material que queda compacto al quitarse el aire entre sus trozos y que, como bloque, pesa una tonelada –ejemplo de ello es Boca (2018) también presente en la sala–. Spínola interviene este material y lo desmembra, el bloque compacto se deshace y se puede manipular como si fuese arena: se deshace el color, dejando un rastro y, como indica la artista: «la imagen se desprende de la forma, igual que desaparece la mano por el rápido movimiento que requiere la intervención». Como otros trabajos de la artista, el esfuerzo, la acción, está presente en el resultado; un esfuerzo que surge del hecho de «trabajar desde el extrañamiento», desde un lenguaje, la escultura que, en el fondo, no es una manera de trabajar natural de la artista.

Por último Spínola ha, prácticamente, creado un espacio nuevo en el museo gracias a la pieza  Muro Lubricán (2018), una obra que funciona como muro, como pared que genera un espacio curvo y que, además, contiene algunos de los elementos claves de la exposición: agujeros que remiten a la toma de decisiones de la propia artista, que hacen referencia a gestos que sucedieron y que proporcionan un efecto de ilusión –el conocimiento de saber que algo ha estado lleno y luego se ha vaciado– y, explican, así, algunas de las líneas de trabajo e investigación que le interesan actualmente a Julia Spínola.

(Lubricán de Julia Spínola en el CA2M, Móstoles, Madrid. Del 8 de febrero al 27 de mayo)