OPINIÓN

«[…] Esa imagen donde las obras se ven protegidas como joyas me dice que el futuro no será un buen lugar para el arte, que “arte” será la pintura, la escultura y tal vez la fotografía, ni experimentos brutales, ni conceptuales, ni performances. Lo que se pueda guardar en una caja fuerte, lo que se valore en millones quedará en las bóvedas infranqueables de bancos y fortines de ricos que saborean a Van Gogh y Hilma af Klint en privado. Adiós a las teorías y a los teóricos que no huelen a nada. Los cuadros de los impresionistas, los de la pintura holandesa, Velázquez, por supuesto, y tantos y tantos que han sobrevivido al torbellino sangriento de guerras, al fluir borrascoso de los siglos, sobrevivirán para recordarnos aquello que no podemos guardar en un olor o en una música. Volverá la idea de la belleza, de la pura belleza, las ideas estarán en otro lugar, la belleza está en el pasado, tal vez en lo que nadie pueda ver. Tal vez la belleza fue aquello que sentí frente a un pequeño Masaccio en la Alte Pinakothek de Múnich, o en un laberinto de Walter de Maria ya no recuerdo dónde. En el recuerdo habita la belleza y la pasión, con un fondo musical cantado por Jean Moreau. Después de ver Dune, consigo salir del torbellino por una grieta entre Battiato y Bowie, salgo y escribo algunas cosas que aún recuerdo, y que aún conservan un olor fresco a juventud y pasado.»

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