Al volver la vista atrás a Ucrania, a las tres primeras décadas del siglo pasado, nuestro rostro se paraliza, se queda rígido y exánime, como le sucedía al Angelus Novus benjamiano, que ponía el ojo en el huracán, que fijaba la mirada en el pasado plagado de barbarie. Su rostro especular, fiel reflejo de la tragedia, se mostraba atormentado, con «los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas desplegadas». Esta imagen desangelada era, nos decía Benjamin, el «aspecto del ángel de la historia». A lo que añadía: «Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona ruina tras ruina y las va arrojando ante sus pies». Así, si atendemos, como aquel ángel de la historia que describía Benjamin, a la Ucrania de principios de siglo, igualmente nuestro rostro se desencaja por completo. En aquel espacio-tiempo específico en el que colapsaron imperios, también estalló la primera guerra mundial y las revoluciones de 1917, a las que siguió la guerra de independencia de Ucrania (1917-1921) y la posterior creación de la Ucrania soviética. La despiadada represión estalinista contra la intelectualidad ucraniana llevó a la ejecución de docenas de escritores, directores de teatro y artistas, mientras que el «Holodomor», la hambruna provocada por el hombre en 1932 y 1933, mató a casi cinco millones de ucranianos.

De esta forma, al retornar a aquel tiempo, no podemos en ningún caso olvidar a los «derrotados», a los «perdedores de la historia», y construir un relato sobre ellos, encima de ellos y de la barbarie. Todo lo contrario: un nuevo relato se debe narrar a partir de ellos. Urge visibilizar su dolor y mostrar la fuerza revolucionaria y creativa con la que lidiaron con aquel tiempo atormentado. Este es, de hecho, el vínculo que liga al Angelus Novus con el pasado. Explicaba Benjamin: «Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, la tempestad se enreda entre sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. La tempestad lo empuja, inconteniblemente, hacia el futuro, al cual vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad». Es decir, el Angelus Novus rehúye con firmeza el olvido del vademécum histórico. No se deja llevar por las promesas de porvenir y las utopías de la modernidad, sino que establece una relación dialéctica con el pasado, que se torna un pasado-presente, al acercarse a nuestro tiempo de forma combativa y comprometida, reivindicando sus dolencias, sus cicatrices y, por supuesto, también sus fulgores y destellos.

Paul Klee, Angelus Novus, 1920

Paul Klee, Angelus Novus, 1920

Al saltar el continuum de la historia y atender al contexto ucraniano de principios de siglo, nos aterrorizamos por la penuria de aquella época. Pero tiempo nos invade un sentimiento de fascinación y de sorpresa al comprobar el enorme florecimiento artístico y creativo emergido durante aquel tiempo de barbarie. Y es que, a pesar de este trágico contexto histórico, el arte ucraniano vivió en esos años un verdadero renacimiento y un periodo de experimentación artística. La exposición En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930 que hoy, 29 de noviembre, se inaugura en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza pretende hacer visible esto mismo. Para ello, adopta esta forma de mirar al pasado -nunca (únicamente) lastimera y plañidera, menos aún olvidadiza- propia del Angelus Novus: una mirada que se imbuye en la tempestad y la tragedia, es decir, una mirada atormentada, que posteriormente huye del huracán para relatar lo que ha visto, para desvirtuar aquella falsa idea de progreso, tan desmemoriada y falaz. Aquella tempestad benjaminiana, metáfora de la ideología capitalista del progreso y del porvenir mesiánico, en esta ocasión, en esta exposición, se torna literal y cobra un protagonismo extremo. Evidencia y testimonia aquel tiempo convulso en el que emergieron grandes artistas, un tiempo huracanado de barbarie. Se articula como un huracán turbulento y mortífero en el cual nos adentramos sin intención de hacer de aquel contexto un hito del sufrimiento, sino con la fuerza y potencia poética que moviliza la memoria dialéctica benjaminian -angelical, si se quiere-. Y es que, como afirmaba Walter Benjamin, «articular históricamente lo pasado no significa conocerlo como verdaderamente ha sido. Consiste, más bien, en adueñarse de un recuerdo tal y como brilla en el instante de un peligro».

Davyd Burliuk, Tiovivo, 1921. National Art Museum of Ukraine

Davyd Burliuk, Tiovivo, 1921. National Art Museum of Ukraine

En este sentido, En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930 recupera este capítulo esencial pero poco conocido del arte de vanguardia occidental, reuniendo alrededor de 70 obras entre las que se encuentran pinturas, dibujos, collages o diseños teatrales. La exposición, comisariada por Konstantin Akinsha, Katia Denysova y Olena Kashuba-Volvach, presenta una completa visión del arte ucraniano de vanguardia en las primeras décadas del siglo XX, mostrando las diferentes tendencias artísticas, desde el arte figurativo hasta el futurismo o el constructivismo. La exposición se organiza cronológicamente, incluyendo la obra de los principales maestros de la vanguardia ucraniana, tales como Oleksandr Bohomazov, Vasyl Yermilov, Viktor Palmov y Anatol Petrytskyi. También se muestra todo el amplio abanico de estilos e identidades que van desde las pinturas neobizantinas de los seguidores de Mykhailo Boichuk o las obras experimentales de la Kultur Lige, que buscaban promover su visión del arte contemporáneo ucraniano y yidis, respectivamente,a las piezas de Kazymyr Malevych y El Lissitzky, artistas por excelencia de la vanguardia internacional que trabajaron en Ucrania y dejaron una huella significativa en el desarrollo de la escena artística nacional.

Del mismo modo, se presentan ejemplos de figuras de renombre internacional que nacieron y comenzaron sus carreras en Ucrania, como Alexandra Exter, Wladimir Baranoff-Rossiné y Sonia Delaunay. Se trata del estudio más completo realizado hasta la fecha del arte ucraniano de vanguardia, que cuenta con numerosos e importantes préstamos del National Art Museum of Ukraine y del Museum of Theatre, Music and Cinema of Ukraine, con el que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza quiere celebrar el dinamismo y la diversidad de la escena artística ucraniana, al tiempo que salvaguarda el patrimonio del país durante la intolerable ocupación actual de su territorio por parte de Rusia. Después de recalar en Madrid, la muestra viaja al Museum Ludwig de Colonia. Hasta el 29 de abril de 2023 tenemos la oportunidad de disfrutar de esta exposición en Madrid. Se trata, indudablemente, de un brillante esfuerzo por recuperar del pasado algunos destellos de creatividad, de no sucumbir ante el huracán, de emerger ante la tragedia y clamar frente a la barbarie. Adentrémonos, con cautela, en el huracán.

Figurines del maestro Ping para la ópera Tirandot en la Ópera Nacional de Jarkiv en 1928 creados por Anatol Petrytskyi.

Figurines del maestro Ping para la ópera Tirandot en la Ópera Nacional de Jarkiv en 1928 creados por Anatol Petrytskyi.

 

(En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930, en Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. Del 29 de noviembre de 2022 al 30 de abril de 2023)