Considerado como “poeta de poetas” y “pintor de pintores”, Henri Michaux fue una gran influencia para los artistas y escritores de su tiempo, muy laureado por artistas coetáneos como André Gide y Francis Bacon, entre otros. Michaux produjo a lo largo de su carrera miles de obras sobre papel, de las que se han seleccionado alrededor de 200 piezas, a las que se suman objetos personales y documentos del artista, para realizar la exposición Henri Michaux: el otro lado en el Museo Guggenheim. La muestra, comisariada por Manuel Cirauqui, podrá verse hasta el 13 de mayo en el museo bilbaíno y ha sido organizada en colaboración con los Archivos Michaux de París. La exposición abarca sesenta años de actividad y hacer un repaso por las series y periodos más importantes del trabajo del belga, muchas de las piezas que se muestran nunca antes han sido exhibidas y proporcionan una mirada panorámica en torno a tres ejes temáticos: la figura humana, el alfabeto y la psique alterada. En la muestra se ha querido poner de manifiesto los paralelismo y convergencias entre esos bloques, subrayando el interés del artista por las ciencias, la musicología y la etnografía, a través de series fundamentales como los fondos negros, los frottages, los movimientos o los dibujos mescalínicos.

En la Sala 305 se acoge el bloque Apariciones y “fantasmismo”  que atiende al interés de Michaux por la figura humana. En toda su obra surgen seres indefinidos, entre los que abundan los retratos imaginarios y, precisamente, en esta sala se ofrece una amplia selección de obras en las que los personajes del belga acuden a su encuentro y al del espectador desde la profundidad del papel. Michaux comenzó a pintar gracias a las obras de Paul Klee y Max Ernst, sirviéndose de la tinta y el papel como primeras herramientas. Pronto desarrolló técnicas características de su trabajo como el gouache o el frottage. Estas técnicas tenían el rasgo común de la fluidez y la propensión al accidente y el desbordamiento. Michaux se acercó a las sustancias alucinógenas para observar el comportamiento de la consciencia en condiciones experimentales, llevando así los principios de su pintura a los sentidos mismos. La pintura es, para Michaux, ese otro lado del que el artista traza un mapa infinito. En la Sala 306 se encuentra La vida de los signos donde se acoge gran parte de los experimentos caligráficos que constituyen una vasta porción de la producción gráfica del artista. Trabajó desde sus inicios en la creación de alfabetos inventados, sin correlación fonética ni semántica. Estos signos son, a decir de Michaux, una poesía siempre incompleta, una literatura del gesto y del impulso y de la danza del trazo. Por último, Manipular la psique se encuentra en la Sala 307 donde se documenta el experimento que realizó con mescalina y otros con psilocibina o LSD. Michaux exploró los efectos que estas sustancias producían en la psique humana. El museo acoge obras gráficas y literarias que destacan al artista como una figura tutelar de la incipiente cultura psicodélica y la mística underground. Con motivo de la muestra, el jueves 22 de febrero tendrá lugar la conferencia sobre Julián de Ajuriaguerra y Henri Michaux impartida por Joseba Mikel Aguirre Oar.

(Henri Michaux: el otro lado en Museo Guggenheim, Bilbao. Desde el 2 de febrero hasta el 13 de mayo de 2018)