En estos últimos tiempos son muchos los artistas que aparecen o reaparecen fugazmente, solo para avisarnos de que se fueron, de que murieron. Tal vez para que no les olvidemos, tal vez como una triste despedida. Pero si pasamos de lo individual a lo colectivo, sentimos que toda una época se está cerrando, como una grieta en el tiempo, que nos deja aislados, mirando hacia un futuro vacío de contenido y de figuras de nivel similar a las que se fueron.

En esta ocasión es Christo Vladimirov Javacheff (1935–2020), nacido en Bulgaria y fallecido en Estados Unidos. Ya en el 2009 fallecía la que fue su mujer durante más de 50 años, Jeanne-Claude Denat de Guilleban (1935–2009), compañera en la vida y en el arte, ya que siempre trabajaron juntos y desde 1965 firmarían sus obras como un equipo. Christo y Jeanne-Claude (que nacieron el mismo día de 1935) son unos artistas diferentes a todos los que conocemos. No solamente por las características de su obra: obras en espacios públicos, de un tamaño espectacular y que han gozado siempre del favor no solamente de los críticos, teóricos y mundo del arte, sino –y esto es muy especial– del apoyo del público en todo el mundo.

Christo siempre se definió como un “educado marxista búlgaro que ha aprendido a usar el capitalismo para su arte”.  Si bien empezó a “empaquetar” pequeños objetos que podrían situarse bajo la idea de esculturas, muy pronto pasó a realizar con la misma técnica inmensas instalaciones en el espacio público, como por ejemplo una gran barricada construida con barriles de petróleo en las calles de París como protesta por el muro de Berlín. Desde el Pont Neuf de París, envuelto en lona blanca en 1985, el Reichstag de Berlín en 1995, hasta las Sorrounding Islands, en Miami en Biscayne Bayy, entre 1980-1983, esta pareja de artistas diferentes a todos ha ido “empaquetando” el paisaje, con muy diferentes propósitos, en lo que Jeanne-Claude afirmaba que era una obra siempre “bella y divertida”.

La gran diferencia, aparte de las características de la obra, está en su independencia. Christo decidía, pensaba que es lo que quería hacer, y ahí empezaba la obra. La realizaban con su propio dinero, sin apoyos oficiales, ni becas, ni financiación de nadie. Totalmente independientes del mercado del arte, totalmente independientes de tendencias artísticas. Totalmente independientes de ideologías o grupos políticos. Financiaban sus proyectos con la venta de los dibujos preparatorios, ediciones, grabados, fotografías y todo el proceso de trabajo e imágenes de los proyectos ya realizados. Y no se trata en absoluto de obras sencillas ni rápidas. Por ejemplo, el empaquetado del Reichstag de Berlín tardó 24 años en realizarse desde el concepto a su materialización y Christo dejaba muy claro que esa parte del proceso de trabajo de conseguir los permisos, el papeleo burocrático, ir ganando el dinero para poder realizarla, todos esos años eran parte esencial del proceso creativo de la obra.

Su ultimo trabajo fue en Londres, London Mastaba (junio 2018), se levantaba en un lago cerca de la Serpentine, estaba construido por 7.500 barriles de colores de petróleo. Y su futuro trabajo, una instalación póstuma sigue en marcha, por expreso deseo de Christo: el empaquetado del Arco del Triunfo en París, desde el 18 de septiembre hasta el 3 de octubre de 2021. Una última, tal vez, oportunidad de ver y sentir el arte en la calle y de despedirnos de uno de los artistas más especiales de la historia del arte.