OPINIÓN

El dolor es una droga dura. Lo conocemos, lo sentimos desde pequeños y sin embargo no podemos acostumbrarnos. No podemos resistirlo. El dolor nos hace cambiar nuestras convicciones, negar a nuestros padres y a nuestros hijos. Nacemos llorando, aterrorizados, seguramente con un gran dolor; por suerte la memoria es tan débil como nosotros y nos olvidamos. Por eso sobrevivimos, porque el dolor físico pasa, termina en algún momento y, si seguimos vivos, lo olvidamos. Lo olvidamos para seguir adelante… quedan las cicatrices, la pérdida. Las marcas que el dolor deja en nuestros cuerpos y en nuestra integridad…

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