ENTRƎSPACIOS, la retrospectiva de Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) comisariada por Vicente Todolí en el Centro Botín, empieza y termina en el mismo lugar, en las piezas que forman Desde lo subterráneo, la intervención permanente de Iglesias que acompaña a los Jardines de Pereda a los pies del centro. La muestra reúne 22 piezas fechadas entre 1992 y 2018, un periodo suficientemente largo como para reflexionar sobre qué ha cambiado y qué preocupaciones siguen siendo una constante en su trabajo: «Creo que hay obsesiones, hay gente que lo llama coherencia, pero yo lo vivo desde la obsesión. Temas que me interesan relacionados con la formalización de la escultura, de cómo esta puede vivir en el espacio. Siento que con el tiempo me he ido abriendo más, ocupando más espacio. Siempre he sentido que voy desarrollando –aunque no entiendo este desarrollo como una evolución que va hacia un lugar concreto– un lenguaje que cambia y responde según el espacio que vaya a ocupar o el arquitecto con el que vaya a trabajar. Me pasó en Amberes, por ejemplo, lugar donde llevé a cabo una de las primeras piezas relacionada con la arquitectura y donde la escultura tenía que cumplir la función de luz, de iluminar. Todos estos momentos en mi vida, que son oportunidades de enfrentarse a algo nuevo, han hecho que vaya incorporando preocupaciones nuevas y definiendo otras que son propias de mi modo de trabajar».

El vocabulario escultórico de Cristina Iglesias se caracteriza por la construcción de ambientes inmersivos, invitando al público a una experiencia en la que tiene el poder de tomar decisiones –entrar o no entrar, ir hacia un lado o hacia el otro– determinantes para experimentar una u otra percepción. «Hablo mucho de las puertas que se abren a la percepción. Es algo que me interesa muchísimo. Mis piezas tienen una doble vertiente, pueden construir un remanso de paz pero también tienen un punto oscuro. Hablar de lo subterráneo, entrar en el Pabellón de Cristal I (2014) y que se mueva la rejilla a tus pies puede perturbarte. Todas estas cosas nos afectan».

Cristina Iglesias, Habitación vegetal III, 2005.

Aunque predominen formas abstractas, los proyectos de Cristina Iglesias están repletos de narración y se construyen sobre la idea de ficción, dándoles la capacidad de abrirnos a lugares imaginarios. Las referencias textuales, asimismo, son evidentes en piezas como Corredor Suspendido I (2006), una instalación escultórica de más de 15 metros de largo en el que, gracias a los reflejos y la incidencia de la luz en la misma, se crean proyecciones en el suelo y las paredes de textos de J. G. Ballard, autor, según Iglesias, fundamental en el campo de la ficción.

La monumentalidad, las grandes dimensiones de todas las obras presentes en la exposición invitan al tránsito, a experimentar qué sucede cuando una se adentra en ella. «Casi todo mi trabajo tiene una escala humana porque existe una relación con el cuerpo. Nunca represento el cuerpo pero siempre pienso en alguien que va a estar, o bien dentro o en la entrada con deseo de atravesarlo o penetrarlo y no poder. Esto tiene que ver con la idea de un deseo que no termina de ocurrir, de darse».

Cristina Iglesias, Growth I, 2018.

La pieza más reciente que encontramos en la muestra es Growth I (2018). Se trata de una pieza cilíndrica, abierta y compuesta por un crecimiento rizomático de formas pseudonaturales que cierran entre ellas masas cristalizadas con color. Esta referencia a la naturaleza, a lo vivo y, por lo tanto, a lo relacionado con el tiempo es una constante en el trabajo de Cristina Iglesias: «Siempre me ha interesado la patina del tiempo. Lo qué sucede cuando algo se toca o cuando en una superficie crece un urbanismo. Esta última pieza tiene referencias marinas y parece que haya organismos creciendo en ella».

Cristina Iglesias, una de las artistas españolas con más reconocimiento internacional, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1999, premio Grosse Kunstpreis Berlin en 2012, Premio Real Fundación de Toledo y Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, entre otros, ha tenido la oportunidad de intervenir en una enorme cantidad de instituciones y de espacios públicos. Terminamos este artículo con una reflexión de la propia artista en torno al museo y al espacio público en relación con la experiencia del espectador: «El museo, que muchas veces también es un espacio público, debería ser un espacio de encuentro. La percepción de la pieza por parte del público en un museo no es la misma que la de alguien que se la encuentra de manera inesperada en medio de la calle. Me gustaría que la gente se sintiese libre, aunque no esté familiarizada con el arte, para explorar libremente. Uno de los problemas que he visto, tanto al entrar en galerías como en museos, es que hay gente que siente reparo al enfrentarse a una obra y decir ‘no la entiendo’. Yo no creo que haya que entender para sentir e incluso para juzgar».

(ENTRƎSPACIOS de Cristina Iglesias en el Centro Botín, Santander. Del 6 de octubre de 2018 al 3 de marzo de 2019)