La Casa Encendida de Madrid inaugura en su sede dos exposiciones distintas en su conceptualización y formato y sin embargo complementarias para el visitante. Por un lado, Lua Câo, que agrupa el trabajo de los artistas portugueses Alexandre Estrela y Joâo Maria Gusmâo + Pedro Paiva, con la colaboración del comisario Natxo Checa. En otro orden temporal y temático, se exhibe el trabajo de la artista marginal Jeanne Tripier, exponente del Art Brut y cuya obra plástica está directamente relacionada con la psiquiatría y con el concepto de marginalidad, de arte fuera de los discursos oficiales.

Lua Câo invita al espectador a sumergirse en una experiencia inmersiva a través de una instalación múltiple, formada por 21 películas y vídeos que se agrupan en “constelaciones”. A medida que el espectador entra en las distintas salas se activan de manera inesperada los distintos dispositivos. Así, se va configurando un espacio visual y sonoro en el que entran en juego la temporalidad, la imagen y la percepción fenomenológica.

El proyecto es el resultado de la colaboración de Natxo Checa con los artistas. Alexandre Estrela, Joâo Maria Gusmâo y Pedro Paiva. Huyendo de su rutina en Lisboa, decidieron emprender distintos viajes a lo largo de quince años. El título de la exposición Lua Câo hace referencia a un fenómeno óptico y atmosférico denominado “perro lunar”, a través del cual aparecen distintos reflejos lunares superpuestos. Se traza así un paralelismo entre el proceso de percepción de la imagen con el efecto que genera la visión de la exposición: distintos sonidos, proyecciones y dispositivos que exploran cualquier acontecimiento fenomenológico. Los lugares que aparecen configuran un mapa singular: del Desierto de Atacama a Las Azores, pasando por Timor o Santo Tomé. Distintos viajes dentro de uno a través de la experiencia audiovisual.

La exposición de Jeanne Trippier nos lleva a un mundo más intimista y escondido. Creación y delirio analiza la obra plástica de la artista considerada como una de las máximas representantes del art brut y no“canónico”. Las obras expuestas nos llevan a los años 1934 y 1939, período en el que estuvo ingresada en el hospital psiquiátrico de Neuilly sur Marne, donde falleció. Esa experiencia marca su producción artística: vemos la percepción alterada de la conciencia, la identidad con la que firmaba sus obras – Juana de Arco – y un mundo onírico lleno de referencias que desbordan cualquier patrón o repetición. Ya en 1948 Jean Dubuffet entendió el enorme potencial que tenía la obra de Tripier, y de hecho llegó a adquirir muchas de ellas, mostrándolas en grandes exposiciones internacionales.

Las imágenes – lo que la artista llamaba “clichés” – combinan manchas de color con fragmentos de textos. De ahí se extrae la enorme importancia que tuvo el proceso de revelado fotográfico para ella, de donde deducimos una poética creativa: obtener las impresiones de color como si de una aparición o revelación se tratase. En la última parte de la exposición, dedicada a su producción textil, volvemos a ver esos clichés, que se presentan como si fueran talismanes o medallones astrológicos. El bordado adquiere además una dimensión terapéutica, indisociable de su experiencia como paciente interna en un hospital psiquiátrico. Una técnica que le permitió expresar su subjetividad convulsa e impulsiva, y reflejar un universo que, por ser considerado enfermo y marginal, de otra forma nunca habríamos conocido.

(Jeanne Tripier. Creación y delirioLua Cão. Alexandre Estrela y João Maria Gusmão + Pedro Paiva en La Casa Encendida, Madrid. Del 10 de octubre al 5 de enero de 2019)