Este 22 de noviembre se inaugura en el Museo Reina Sofía una exposición dedicada a la artista austriaco-romaní Ceija Stojka y que supone un testimonio sobre el porrajmos, la persecución y genocidio de la comunidad gitana a mano de la Alemania nazi. Stojka vivió la crudeza de tres campos de concentración y relató su experiencia mucho después, entre 1988 y 2012, al emprender un intenso ejercicio de memoria mediante la escritura, el dibujo y la pintura. En esta exposición, que podrá verse hasta el 23 de marzo de 2020, ofrece un recorrido por el conjunto de su corpus artístico a través de una serie de secciones temáticas que reconstruyen las diferentes situaciones que afrontó. En su trabajo también hay cabida para su vida anterior a la guerra, como se demuestra en trabajos como Ein einfaches Rom LebenIdylle mit Bauernhof, en las que se ven escenas coloristas con elementos recurrentes de la infancia como el carromato, las gallinas y caballos o la omnipresencia de la naturaleza. Todo ello lo hace a través de pinceladas enérgicas y, en ocasiones, con el pigmento mezclado con arena para espesarlo reforzando así la materialidad de la pintura.

En una de las secciones de la exposición se acogen obras relativas a los tres campos de concentración a los que fue destinada la familia Stojka: Auschwitz, Ravensbrück y Bergen-Belsen. En estas obras se adopta la perspectiva infantil que la artista tenía en aquel momento: escenas de primeros planos de botas militares con una escala sobredimensionada (SS, 1995), o vistas áreas que podrían asemejarse a las vistas de los cuervos que sobrevuelan los recintos (Auschwitz, 2.10.1944, 2003). Como contrapunto a esto, la obra Z 6399 (1994) sorprende por su composición austera y rotunda en la que se ve el brazo tatuado de la artista con el número de identificación que se le asignó al llegar a Auschwitz. En la sección dedicada al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, el frío domina las escenas de Stojka en las que aparece la figura del guardián y que la artista representa con un gran ojo suspendido en el cielo como en la obra Ravensbrück 1944 (1994). La decisión de Stojka de romper su silencio y dar cuenta de la experiencia traumática que ella a nivel personal y el pueblo gitano como colectivo habían sufrido tiene un gran valor simbólico que ha servido además como revulsivo para impulsar el asociacionismo de la comunidad romaní de su país. Esta exposición pone en valor el testimonio y la figura del testigo, con su fragilidad y afectación, como recursos esenciales para comprender cualquier hecho histórico en su complejidad, incluso aquellos que por su atrocidad se antojan inimaginables.

(Ceija Stojka en Museo Reina Sofía, Madrid. Desde el 22 de noviembre hasta el 23 de marzo de 2020)