OPINIÓN

En el año 2004 una mujer cubana afincada (y casada con un profesor neoyorquino) en Nueva York desde 1939 vendía su primera obra. Tenía 89 años. A partir de ese momento, por una serie de cruces cósmicos que algunos inocentes ajenos a las agendas internacionales definen como milagro, su vida y sobre todo su carrera profesional cambiaron radicalmente. Esa señora, esa anciana, esa artista se llamaba Carmen Herrera, y murió el sábado 12 de febrero de 2022 en Nueva York, siendo reconocida como una de las artistas latinoamericanas más importantes de todo los tiempos, como una artista esencial del siglo XX, innovadora, anterior a los mitos como Lygia Clark. Una artista que había tenido una carrera de las normales: algunas exposiciones individuales, participación en colectivas, un par de museos de segunda fila, y poco más. Nunca vendió nada en toda una carrera, con una producción inmensa. Pero no era desconocida, solo que a nadie le encajaba en ninguna de las casillas del mercado ni de la moda: mujer, latina, pintora, casada con un profesor de inglés. Nada que destacar, salvo, tal vez, su obra. Pero la obra, al final, es lo que menos importa en este mundo. Eso parece repasando no solo la vida de Carmen Herrera sino de la gran mayoría de artistas que hay en el mundo. Si hoy nos tenemos que creer la muy alabada calidad de su pintura creo que es más que procedente preguntar a algunos de sus valedores de hoy sobre el silencio de ayer, sobre ese silencio de 89 años sobre una carrera artística ininterrumpida y realizada en Nueva York, no en Argamasilla del Duero. Si es tan importante, y exponía habitualmente… ¿Por qué nadie se dio cuenta nunca de su importancia? ¿Por qué cuando ya todos se han retirado, incluso ya han muerto, cerca de los 90 años, se la “descubre” y encumbra en exposiciones en las más importantes galerías del mundo y en los museos en los que ella habría deseado exponer décadas antes? ¿Cabe alguna esperanza para todos aquellos artistas, millones, en todo el mundo cuya obra nunca ha sido vista realmente por nadie importante y cuyos nombres nunca han sido mencionados por ningún critico ni galerista ni director de museo destacado? ¿Deben seguir manteniendo la esperanza todos esos ejércitos innumerables de artistas que no han vendido nada nunca, en toda su vida?…

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