Un diálogo entre la práctica artística de Fina Miralles (Sabadell, 1950) y la de Rita Ponce de León (Lima, 1982) es lo que propone Aquí eran los ojos los que hablaban, una exposición comisariada por Juan Canela que puede verse en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia hasta el 31 de marzo de 2019. El trabajo de ambas, aunque alejado generacional y geográficamente, se acerca de manera extraordinaria en lo sustancial, adentrándose en espacios indefinidos donde la vida prevalece ante cualquier estructura fija.

En un capítulo del pequeño libro Testament Vital de Fina Miralles recuerda su paso por distintos lugares de Latinoamérica, donde entra en contacto con los pueblos indígenas de la región. “Aquí eran los ojos los que hablaban, y no las palabras… nos entendíamos con el sentimiento y la mirada”, apunta entonces en su cuaderno. De esta anécdota parte el título de la muestra, que reúne las sencillas pero poéticas acciones de Fina Miralles en la naturaleza, sus dibujos, poemas y pinturas que insisten en la unidad interna del universo natural en confrontación con el universo artificial que nace de la modificación por la intervención humana. La práctica de Miralles está fuertemente anclada a la tierra, a la vida, a lo matérico, a creencia y rituales ancestrales que conforman un potente lenguaje simbólico.

Si para Miralles escritura y dibujo son elementos que bailan juntos en su universo, y que la ayudan a compartir los más íntimos sentimientos, para Ponce de León dibujar es una forma particular de pensar y ser pensado. Un dibujar que brota desde el hacer o recordar movimientos del cuerpo y la experiencia. Cuerpos que acumulan la historia, el tiempo, las emociones, las intuiciones, las relaciones, las dudas, las convicciones. Cuerpos experimentando el cambio y los ciclos de la naturaleza, deviniendo humanas como plantas y como animales.

Alejándose de los dualismos establecidos por la modernidad occidental, los proyectos de Miralles y Ponce León conectan con algunas corrientes filosóficas y de pensamiento que tratan de propiciar un nuevo enfoque en nuestros días, rescatando distintos saberes que parecen diluirse en la uniformidad global. Si en este mundo híper-conectado, líquido y veloz una vuelta a cierta esencia es necesaria, los trabajos en esta exposición articulan un diálogo sincero entre ellos y con el entorno atendiendo a lo muy cercano, creando conexiones sensibles y conformando un lenguaje poético a partir de un estrecho diálogo con la tierra y una intensa presencia del ser.

(Aquí eran los ojos los que hablaban. Fina Miralles y Rita Ponce León en Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Hasta el 31 de marzo de 2019)