Un libro de recetas de cocina, ¿puede convertirse en una obra de arte? En 1969 Dorothy Iannone demostró que sí: entre las anotaciones que detallan cómo hacer los mejores platos caseros, se encuentran algunas frases y dibujos que permiten conocer las emociones que invadían a la artista francesa durante la elaboración de este manual. Por ejemplo, en el interior del dibujo de una mujer rubia y casi tumbada, se leen algunos de los apuntes que configuran el libro: «3/4 cucharadas de crema, 3/4 cucharadas de sal, una pieza de pimienta blanca, un rábano picante y 12 trozos pequeños de chorizo». El cuaderno, un objeto que de primeras se puede calificar de banal o simple, se convirtió para la artista en un motivo de gozo, satisfacción y júbilo. O sea, de alegría.

Este concepto, el del «hecho alegre», ha sido para Tania Pardo el motivo de la nueva exposición que ha comisariado en La Casa Encendida de Madrid. La muestra, que durará del 11 de octubre hasta el 5 de enero, presenta junto al cuaderno de Iaonne más de una veintena de piezas que demuestran cómo lo sencillo, usual y rutinario puede convertirse en motivo de alegría. Casi todas las obras que evidencian este fenómeno han sido creadas por mujeres: Pardo reconoce que le ha resultado complicado «encontrar a hombres que trabajen en lo cotidiano». La comisara detalla que las mujeres que producen este tipo de obras no tienen por qué protagonizar una vida feliz, pues «se puede tener una vida triste y ser alegre».

Para expresar esta alegría, Pardo ha elegido a artistas – entre las que se encuentra Pilar Albarracín con Tortilla española (1999), Camille Henrot con Esculturas de masajes (2011)  o Teresa Solar con Control terrestre (2017) – con piezas que han invadido el espacio de color. Además de singularizar su obras con tonalidades vibrantes, algunas de las artistas animan al espectador a convertirse en sujeto activo. Un ejemplo es la pieza Tiriti titi (rebontantes), unas pelotas envueltas en látex, pigmentos, hilos y espuma de poliuretano con las que el público podrá experimentar en dos de las salas situadas en la planta principal del edificio.

Bajando las escaleras, la sensación de alegría que haya podido sentir el público podría desaparecer ante el misticismo que caracteriza El ojo eléctrico, la segunda exposición que presenta La Casa Encendida. La muestra, comisariada por Antonia Gaeta y Pilar Soler, reúne 78 obras distribuidas en un espacio en el que no se propone un recorrido racional. «Se puede empezar desde donde queramos», explica Soler tras iniciar la ruta explicativa en la sala intermedia. Y es que, independientemente del punto en el que el asistente decida comenzar la visita, siempre descubrirá un cierto grado de locura presente en los miembros del Art Brut, un movimiento que desarrollaron artistas enfermos, médiums y marginales cuya obra se fraguó lejos de las instituciones artísticas.

«En España no hemos prestado mucha atención a este tipo de arte», dice Soler entre obras cosmogónicas y espirituales. Gaeta precisa que, en La Casa Encendida, «siempre ha existido interés por el arte de los márgenes y de la experimentación». De hecho, en el centro trabaja el colectivo Debajo del Sombrero, una plataforma para la creación, investigación, producción, y difusión de arte donde sus principales protagonistas son las personas con discapacidad intelectual.

Acorde con esta filosofía, la institución cultural acoge la obra de creadores como Martín Ramírez, Jaime Fernandes, Madge Gill o Agatha Wojciechowsky. Estos autores se dejaron llevar por una pulsión creativa que se materializó en dibujos, escritos o fotografías que expresan sus sentimientos y visones, síntomas que permiten conectar el mundo racional con el desconocido, el visible con el invisible. Estas obras pertenecen a la colección Treger/Saint Silvestre, una de las mas ricas y completas colecciones de art brut de Europa que reside en el Centro de Arte Oliva de São João da Madeira, en Portugal.

(El hecho alegre y El ojo eléctrico en La Casa Encendida, Madrid. Desde el 11 de octubre de 2019 hasta el 5 de enero de 2020)