Mapeando el arte: ¿qué museos están abiertos?

No podrá guardar como recuerdo el folleto de la exposición: están prohibidos los elementos de uso táctil. Tampoco le estará permitido comentar la obra a menos de dos metros de distancia del resto de visitantes ni improvisar su propio circuito. Las entradas y salidas al edificio deberán seguir un orden, siempre con…

 

Premio Turner 2020, cancelado

Premio Turner 2020, cancelado

Por segundo año consecutivo el Premio Turner vive una situación excepcional. En 2019, debido a las complicadas circunstancias políticas y sociales por las que pasaba Gran Bretaña, los cuatro finalistas decidieron repartir las 25.000 libras de premio; este año, con el sector cultural asolado por la crisis del coronavirus, los responsables del galardón se han visto obligados a cancelarlo. En su lugar, se otorgarán becas valoradas en 10.000 libras (aproximadamente 11.200 euros) a diez artistas.

De hecho, si hubiese sido un mayo como cualquier otro, los jueces ya habrían anunciado la lista de los finalistas. Estos habrían sido invitados a participar en una exposición conjunta que se inauguraría en otoño. Sin embargo, como otras tantas citas artísticas (exposiciones, ferias, encuentros…), ni la muestra ni el premio podrán celebrarse.

Según The Guardian, los responsables de la Tate Britain (museo encargado en organizar el premio) han afirmado que, con la entrega de las diez becas, quieren «ayudar a apoyar a una selección más grande de artistas en un período de interrupción e incertidumbre». «Creo que JMW Turner, quien dedicó su fortuna a apoyar artistas que pasaban por un momento complicado, aprobaría nuestra decisión», afirmó Alex Farquharson, director de la Tate Britain.

Los criterios para elegir a los diez becados serán los mismos que los de las pasadas ediciones: se elegirán autores británicos cuya obra haya supuesto un impulso para el desarrollo del arte contemporáneo. Los miembros del jurado son Richard Birkett, comisario general del Instituto de Artes Contemporáneas; Sarah Munro, directora del centro BALTIC de arte contemporáneo en Gateshead; Fatos Üstek, director de la Bienal de Liverpool y Duro Olowu, diseñador y comisario. Los integrantes de tribunal mantendrán una reunión virtual para seleccionar a los artistas becados. La resolución se publicará a finales de junio. 

El premio Turner, uno de los más destacados a nivel internacional, se celebra desde 1984 (excepto en 1990, que tuvo que cancelarse por falta de patrocinio). Los ganadores se han convertido en algunos de los artistas más importantes de arte contemporáneo. Destacan Gilbert & George (1986), Anish Kapoor (1991), Rachel Whiteread (1993), Antony Gormley (1994), Damien Hirst (1995), Steve McQueen (1999), Grayson Perry (2003) o Jeremy Deller (2004), entre otros.

Premio Turner 2020, cancelado

Por segundo año consecutivo el Premio Turner vive una situación excepcional. En 2019, debido a las complicadas circunstancias políticas y sociales por la que pasaba Gran Bretaña, los cuatro finalistas decidieron repartir las 25.000 libras de premio; este año, con el…

 

El tímido renacer de la industria del libro

Hace menos de una semana una pequeña mesa de madera servía de frontera entre la librería Molar y la calle de la Ruda. Tras ella, Antonio Almeida esperaba a los clientes que se acercaban únicamente a recoger los libros que habían pedido por teléfono o correo. Como quien acude al dentista, esta librería…

El tímido renacer de la industria del libro

El tímido renacer de la industria del libro

Una pequeña mesa de madera servía de frontera entre la librería Molar y la calle de la Ruda. Tras ella, Antonio Almeida esperaba a los clientes que se acercaban únicamente a recoger los libros que habían pedido por teléfono o correo. Como quien acude al dentista, esta librería del barrio de La Latina funcionaba con cita previa y mascarillas. Hasta mediados de mayo no quedaba hueco para la improvisación: con la aplicación de algunas medidas de alivio, los vecinos ya son libres para entrar y hojear tantos libros como gusten.

Como Molar, cientos de librerías en toda España esperan alcanzar lo más rápido posible la «nueva normalidad». Dentro del sector cultural, las editoriales, distribuidoras y libreros han sido los primeros en retomar la actividad lastrada por un dato que preocupa: en las últimas semanas han registrado un descenso de la facturación cercano al 80%, según la Federación de Cámaras del Libro. «A nivel económico ha sido un palo gordo, sobre todo para las tiendas que solemos ir al día: como todo va con un mes de diferencia, las facturas llegan en el momento en que no cuentas con ingresos», explica el librero. «Nuestro plan a corto plazo consiste en sobrevivir».

Sobrevivir a una ola. Así lo define Manuel Ortuño, presidente de La Asociación de Editores de Revistas Culturales de España (ARCE): «Como si estuviésemos siendo revolcados por una ola, de la que no vemos la manera de salir. En estas semanas estamos viendo cierre de imprentas, cierre de librerías, ralentización y cancelación de envíos por parte de Correos». Consciente de la gravedad del asunto, Ortuño pide «cohesión, solidaridad, proyectos colectivos, complicidades, y medidas políticas e institucionales coherentes» que ayuden a los afectados y palien las consecuencias que ya han empezado a manifestarse.

Según Jorge Corrales, presidente del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), las pérdidas en 2020 superan los 1.000 millones de euros en el mercado interior del libro. «El impacto que está teniendo para la comercialización de las publicaciones periódicas también se estima alto, alrededor de 100 millones de euros, sin tener en cuenta la caída de la publicidad, desde marzo a junio», apunta. Ante esta situación, la Junta Directiva de CEDRO decidió adelantar el reparto de derechos de autor a la primera semana de abril con el fin de «paliar el golpe del descenso de la actividad durante estos meses».

Las editoriales también llevan como pueden el inesperado varapalo: abril, un mes muy destacado para este sector (el 23 es el Día del Libro), se ha evaporado. Consonni y La Fábrica han sido testigos de ello. Las dos editoriales, además de trabajar con libros, funcionan como espacios culturales independientes, una realidad que les ha llevado a frenar doblemente su actividad. Consonni organiza residencias de artistas y talleres. La Fábrica tiene una librería en el Triángulo del Arte de Madrid, donde también organiza exposiciones y presentaciones.

«Esta situación nos lleva inevitablemente a repensar qué significa una experiencia artística y cómo trabajar con las audiencias digitales», explica Maria Mur, directora de Consonni, tras reconocer que llevan dos meses intentando subsistir con las ventas que han podido llegar online. Ahora buscan cómo organizarse «colectivamente» y cómo «tomar la calle de forma virtual». La situación de su colega en el sector y director de la editorial La Fábrica, César Martínez, apenas varía. «Nos estamos enfrentando a unos ingresos cercanos a cero durante estas semanas», lamenta. Al editar libros de fotografía, catálogos de arte y pequeños ensayos, La Fábrica se enfrenta a un PVP alto en comparación con otros productos editoriales. Y, aunque para muchos hayan sido un apoyo durante la cuarentena, los libros no curan pandemias.

«Primera necesidad es comer. La cultura en general es importante, y no quiero restarle valor, y sería feo que lo diga yo siendo librero. Pero yo qué sé, a veces se idealiza demasiado», reflexiona Almeida sobre el debate que se ha generado estos días en torno a si los libros son o no bienes de primera necesidad. Bromeando, aclara que en todo caso sería «un bien de segunda necesidad». Martínez (La Fábrica) suscribe la opinión del librero: «Durante una crisis sanitaria los bienes de primera necesidad son otros. Pero es cierto que distinguiendo entre cultura y entretenimiento, que son dos cosas distintas, hemos visto cómo durante el confinamiento mucha gente se ha rodeado de música, lectura, cine… de las artes en general, no tanto como pasatiempo, sino como sustento de vida».

A Mur (Consonni) los libros le han devuelto algo de cordura durante estos días de confinamiento. Para ella, estos objetos son «herramientas de pensamiento» que posibilitan cerrar las pantallas y evadirse de (o sumergirse en) lo real. Recuerda la cita de Ray Bradbury en Farhenheit 451: «Quizás los libros nos puedan sacar del agujero. Tal vez puedan impedir que cometamos los mismo funestos errores». Piensa que un libro puede considerarse un bien de primera necesidad según el contexto y con qué lo comparemos. Sin embargo, Corrales (CEDRO), desmarcándose de las primeras opiniones y haciendo claramente visible su posición frente al asunto, afirma sin rodeos: «Los libros son un bien de primera necesidad».

No lo consideró así el Gobierno. De hecho, la actuación de José Manuel Rodríguez Uribes durante los últimos meses ha sido objeto de duras críticas. A principios de abril, su referencia a Orson Welles («primero la vida y luego el cine») detonó una ola de reproches. Casi un mes después, el 5 de mayo, el Consejo de Ministros aprobó un paquete de ayudas urgentes con el fin de garantizar liquidez al sector. Todas de las medidas que demandaron fueron aprobadas. Entre ellas destaca una de las más solicitadas: el programa de compra pública de libros destinados a las bibliotecas y centros educativos del Estado. «Del Ministerio de Cultura dependen directamente cincuenta y cuatro bibliotecas públicas en toda España. Podría arbitrar una compra directa, si hubiese voluntad, de libros y suscripciones a las revistas culturales de nuestro país. Eso sí, con criterios de diversidad y pluralidad respecto a los fondos hemerográficos y bibliográficos: de nada sirve, a mi modo de ver, llenar a las bibliotecas de libros de gran consumo, que además ‘se venden solos’», explica Ortuño (ARCE) al respecto. Mur (Consonni) coincide con el presidente de la asociación: «Sería una buena medida que no se comprara solo a cadenas de librerías sino que se apoyara a librerías diversas y que al mismo tiempo hubiera un porcentaje en esa compra de editoriales independientes».

Aunque muy de acuerdo con esta medida, Martínez (La Fábrica) opina que es secundaria: «Antes que eso debería fomentar el uso de las bibliotecas públicas y crear más bibliotecas». También considera prioritario educar «en el placer de la lectura, en la contemplación del arte”. Piensa que creando una sociedad culta “las industrias culturales volarían solas».

Una buena forma de registrar el pulso cultural de nuestro país es la Feria del Libro de Madrid. Si queremos valorar el interés de los españoles por los libros, los datos que aporta el presidente de CEDRO sobre el evento resultan esperanzadores: 2,3 millones de ciudadanos visitaron la feria el año pasado, un hecho que supuso una recaudación de unos 10 millones de euros. En la otra cara de la moneda quedan las consecuencias de la pandemia: si la feria no se llega a celebrar la repercusión «será muy negativa e importante». Por ello, Corrales (CEDRO) espera que se pueda celebrar en octubre, la nueva fecha que se ha anunciado, «con total y absoluta seguridad sanitaria». Aunque «todo dependerá de cómo evolucione esta pandemia», desde la feria ya están estudiando diversas medidas, como la instalación de arcos de medición de temperatura o la desinfección diaria de casetas y pabellones.

Frente al miedo al contagio, Ortuño (ARCE) propone descentralizar las actividades de la feria por todo Madrid. «Sería una excelente oportunidad de encontrar y encontrarnos con el sentido de nuestra actividad, que no es otro que llegar a nuestros lectores», afirma. Otra propuesta que, en otros sectores como el museístico ya han encontrado adeptos, es la vía online. Mur recuerda que se están dando diferentes redes de apoyo y otras oportunidades, como presentaciones de libros a las que llegan a acudir hasta 300 personas por ser virtuales. «Nos vamos organizando aunque sea de forma informal para hablar, escucharnos», explica.

La Feria del Libro, en una situación normal, coincide con el festival internacional de fotografía PHotoEspaña, evento que gestiona y organiza. Dada la situación, esta editorial tiene varios títulos pendientes, «listos para distribuir en el momento que se pueda». No obstante, Martínez (La Fábrica) considera que deben ser cautos: «No podemos arriesgarnos a sacar libros en los que llevamos trabajando un año a la primera de cambio. Tenemos que observar cómo funciona la desescalada. Como decía, nuestros libros son muy caros de producir y estrellarse con un par de ellos tendría consecuencias muy graves».

Lejos de paralizar al sector cultural, este escenario de incertidumbre ha llevado a sus protagonistas a la acción. «Debemos reinventarnos todo el rato, estar preparadas para reaccionar y tener varios planes en mente», afirma Mur (Consonni). CEDRO es un ejemplo de ello: la asociación ya ha lanzado, entre otras propuestas, un programa de ayudas asistenciales que contempla la cobertura «para aquellos escritores o traductores que se encuentran ante una situación de urgencia». Por su parte, ARCE ha realizado distintas gestiones como «mantener abiertos los canales de comunicación y propuestas con el Ministerio de Cultura, establecer diferentes servicios de asesoramiento legal» o «fomentar el Quiosco Cultural como plataforma de difusión de revistas culturales electrónicas».

En Molar optaron por lanzar un plan de bonos de libros que se pudieran canjear en un futuro. Aunque con mascarillas, gel higienizante y distancia de seguridad, ese futuro ha llegado. Almeida confiesa que por el momento pinta bien; ya han pasado varios clientes. Ahora solo le queda «cruzar los dedos y esperar a que llegue la siguiente fase». Por el momento, le basta con decir: pasen y lean.

 

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