Cierra su décima edición Zona Maco, la feria mexicana, con un balance positivo que deja dudas y comentarios. Por una parte, algunos de aquellos galeristas que vienen a México pensando que pueden colocar cualquier producto, que el oro sigue creciendo en los árboles y que con llegar y sentarse en el stand ya han hecho todo el trabajo, tienen que saber que El Dorado nunca existió, que en México como en Lituania o Berlín, hay que trabajar y mucho. Es cierto que el público es ecléctico y que el comprador, sobre todo el privado, compra lo que le gusta en contra de lo que sucede en Europa que sólo se compra a golpe de opinión de asesores por lo general informados en las revistas de tendencias artísticas. En México cada uno compra lo que le gusta, lo que quiere, sea realista, conceptual o cinético. Y eso es una maravilla en una feria, porque todo –cualquier cosa– puede suceder. Y algunas suceden, por ejemplo que parte de los sectores comisariados hayan sido un fracaso de ventas (a pesar de que los artistas eran muy conocidos en el mundo de las tendencias y en el arte internacional). También sucede que alguien que se arriesga y trabaja año tras año, sin artistas de renombre, venda y se consolide.


Por supuesto la parte moderna de la feria, incorporación en esta décima edición, ha vendido millonariamente, varias piezas por encima del millón de dólares. Nombres como Siqueiros, Diego Orozco, Tamayo… no grandes piezas pero si grandes nombres. Como es natural lo local tira con fuerza y ahí algunas ofertas de galerías mexicanas han sido no sólo un éxito de ventas sino también un placer para el espectador.


La sección de diseño se despide y el próximo año se anuncian cambios en su ubicación dentro de la feria, en una sección autónoma y no en franca colisión con el arte actual.


En definitiva, como siempre, una feria funciona cuando el país que la organiza está fuerte económicamente, la ciudad que la acoge puede ofrecer algo más que la feria, sus organizadores saben tratar al expositor y facilitar al público la asistencia y la compra. Y Zona Maco se celebra en un país con una PIB hacia arriba, una potencia económica en auge, un afán cultural sorprendente y un sector artístico escueto pero brillante. Sus organizadores saben que les va la existencia en que la feria funcione, y el público tiene ganas. Del DF no hace falta decir nada.


En definitiva, que ARCO lo va a tener difícil porque se celebra en un país en profunda crisis económica, con un sector artístico expandido y agotado, con unas instituciones pobres y con ningún interés en el arte actual, y con un público arruinado y aburrido.


Imagen: Stand de Patricia Ready en Zona Maco. De izquierda a derecha obras de Germán Tagle, Eugenia Vargas, Adolfo Bimer, Rodrigo Canala y Alejandro Quiroga. Cortesía: Galería Patricia Ready.