La artista fue invitada a su país natal para recibir el Hiroshima Art Prize por su contribución a la paz a través de su obra. El premio se estableció para promover el denominado “espíritu de Hiroshima” en el arte: un anhelo de paz y prosperidad para la humanidad. La artista de 78 años recordó que a pesar de la catastrofre que supuso el ataque nuclear, Hiroshima y Nagashaki son una muestra de “esperanza” ante la reciente situación de Japón. Durante el evento organizado por el Museo de Arte Mori, la artistapintó con un gran pincel sobre un lienza de 2 metros y tinta negra la letra japonesa para “Yume” (sueño). La obra fue donada al museo para realizar reproducciones de la misma con el fin de recaudar fondos para la reconstruicción de Sendai.