OPINIÓN

Existe un momento de indecisión en nuestra infancia, cuando en el colegio nos preguntaban a qué se dedicaban nuestros padres. Porque decir que tu padre es mecánico, o médico, incluso camionero es relativamente sencillo. Pero ahora, en primer lugar, no es sólo nuestro padre, sino nuestra madre la que trabaja, y además son trabajos mucho más difíciles de entender y de explicar. ¿Cómo explicar que tu madre es community manager y tu padre corrector de textos? Pero ¿y si tu padre es músico minimalista y tu madre performer, o artista conceptual? Tratar de explicar cosas así a una profesora de infantil, incluso a un profesor universitario es como tratar de explicarle la Historia del Arte a una liebre muerta. Una tarea para Joseph Beuys.  Definirnos a nosotros mismos es algo delicado, si no queremos dejar libre ese ego que intentamos encerrar, siempre con dificultad, dentro de nosotros mismos. Por eso a mí no deja de impresionarme cuando oigo aquello de yo soy artista”, y lo oigo de boca de todos, no de algunos, sino de todos los pintores, fotógrafos, etcétera que han colgado en una feria, en una galería, e incluso a los que estudian Bellas Artes, y también a los que no estudian Bellas Artes, a los que no pintan ni fotografían ni dibujan, a los que son artistas conceptuales por un día o performers por una tarde, a los que nunca han expuesto en ningún sitio. Pero son artistas. De corazón. Siempre me ha parecido más correcto decir “soy pintor”, o algo un poco más humilde. Porque artista es el oficio de Picasso, de Miguel Ángel, de aquellos señores (y casi ninguna señora) que ilustran la historia de la humanidad, que llenan los museos, las catedrales y los libros con sus trabajos. Unos pocos a lo largo de miles de años, algunos incluso sin nombres conocidos. Un artista no es alguien que dibuja, o pinta un cuadro. Ni cientos de cuadros. Un artista es alguien que te cuestiona el mundo, la realidad, tu lugar en ese mundo y en esa realidad, que intenta reorganizar el caos para poder habitar en él. Decir de uno mismo, así, a la ligera, que se es artista me parece un tanto prepotente. No eres artista, eres pintor, me dan ganas de contestarles. Yo no soy escritora, simplemente escribo. Los cocineros tampoco son artistas, algunos guisan como Dios, pero lo que se dice artistas no lo son. Si Duchamp decía que para definir una obra como un objeto de arte hay que tener en cuenta la intención artística de quien la hace, todos serían artistas, lo que equivaldría a decir que si todo es arte nada es arte. No es suficiente la intención, como tampoco es suficiente que el canal arte (galerías, críticos, curadores, museos, compradores…) lo avalen y admitan, lo canalicen con su dudosa aprobación. No es suficiente en absoluto ante el tsunami de personas que se autodefinen como artistas.

Para ser concretos hay que reconocer que los alumnos que se gradúan en un sólo año en la Escuela de Bellas Artes de Nueva York, por poner un ejemplo, son más que todos los artistas conocidos del Renacimiento. Si añadimos los de las Escuelas de todas las ciudades europeas… incluso solo de las españolas, tendríamos varias veces a todos los artistas de los cuales hay noticias en la historia del Arte Universal… en un sólo año. Inflación de artistas, un exceso de arte exagerado. Lo que venimos en llamar una barbaridad. Entre el deseo y la realidad, una vez más, se abre un abismo. Porque esa inmensidad de gente que ahora mismo está inundando el mundo de objetos y acciones más o menos bellas, más o menos inteligentes, más o menos ocurrentes (casi siempre menos que más) debería ser consciente de que está llenando el mundo de objetos que no significan nada, que son poco más que objetos para la decoración, e incluso a veces ni eso. Esa superabundancia cuestiona en sí misma la definición de arte, porque no puede ser en absoluto una producción masiva. Y mucho menos en una sociedad que no entiende lo que realmente es, significa, el Arte. Esta superproducción, ese deseo de ser artista, tiene mucho más que ver con el mercado, el éxito social, un reconocimiento externo, que con lo que realmente define la identidad del artista, la razón de la creación, la esencia misma del arte. El arte y el artista son excepciones únicas, no aulas llenas de chicos y chicas con dudosas aspiraciones. Es algo, por otra parte, característico de una sociedad occidental ahogada en una opulencia que ya es un recuerdo más que una realidad. No sucede en otras sociedades donde la edad, la cultura y otras cosas similares no guardan una relación causa efecto con el dinero. Porque el Arte no es cuestión de dinero, nunca lo ha sido. Así que si tu papá pinta, cuando te pregunten en el cole que a qué se dedica tu papá, la respuesta es “mi papá pinta todo el tiempo”. No es necesariamente artista.