Tumbada boca abajo en un sofá peludo, desnuda, con el cuerpo recubierto de lunares de colores, su potente imagen la precede. Una imagen y una obra en la que predomina el estallido de color, los lunares y la acumulación exagerada. Un trabajo, el de la japonesa Yayoi Kusama (1929), que se remonta sesenta años atrás aunque en su biografía insiste en que fue a los diez años, en dibujos y acuarelas infantiles, cuando convirtió los lunares en uno de los leit motiv de su obra; en un medio de expresión vital y desenfrenado con el que ha recubierto su cuerpo, sus objetos, sus vestimentas, los escenarios de sus happenings, las salas de los museos en los que ha expuesto… un estilo y una forma de entender el arte y la vida que le han hecho valedora de adjetivos como “pop” pero también de otros como “feminista”, por series escultóricas como Sex-obsession sobre el pánico genital masculino o Self-Obliteration celebración de la libertad y la autonomía corporal; “terapéutica” por su alusión a diversas obsesiones y al sentido catártico que otorga al arte; “minimalista” por la preeminencia de la red como motivo estilístico y sus asociaciones con la obra de Hesse o incluso de Donald Judd y muchos significados más. Sesenta años de adjetivos, trabajos y propuestas que pueden verse ahora por primera vez en España reunidos bajo una exposición monográfica, comisariada por Frances Morris, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Una muestra que se abre mañana al público y que supone una oportunidad de conocer una visión alternativa de más de medio siglo de arte contemporáneo.