OPINIÓN

Los caprichos de una reina, o de una princesa, o de un político… los pagamos no solamente sus amantes sino los ciudadanos de a pie, esos pocos que todavía pagamos los impuestos en lugar de defraudar y abrir cuentas en paraísos fiscales. La mayoría de las veces las pagamos obligados, sin quererlo, pues realmente ya no deseamos ni a esa reina, ni a ese rey, ni a esa princesa ni a esos políticos que se han gastado nuestro dinero en caprichos egoístas y estúpidos. Pero para sorpresa nuestra esos caprichosos seres llega un momento, que contra toda lógica y después de haberse negado a prescindir de sus juguetes culturales, dicen “ya no lo quiero”.


Entonces comienza la locura: ¿Qué hacemos con este aeropuerto que nos ha costado un riñón y nunca vio un avión? ¿Y con esa mole de piedra que iba a ser La ciudad de la Cultura y se ha quedado en una ruina sin acabar de construirse? ¿Y con ese museo que se amplió con tantos millones y se hizo viejo al mes de la inauguración, y ya no vale nada? Siempre he defendido que lo único factible son circuitos de carreras, de saltos de monopatín o/y de shopping centers. No valen para nada más, porque se proyectaron con la cabeza vacía de sentido cultural, de lógica aplicada.


Ahora la Xunta de Galicia considera que, tal y como están las cosas, no es conveniente ni necesario seguir construyendo la ciudad de la cultura en Santiago de Compostela, a la que todavía le quedan varios edificios, toneladas de piedra y millones de euros para verse finalizada y asombrarnos con el gasto (tal vez el mayor, que ya es decir) mas increíble realizado nunca por un gobierno español para una infraestructura cultural que no tenía proyecto ni objetivo, que ha contado siempre con la repulsa masiva de ciudadanos, especialistas y gente en general (exceptuando al arquitecto, los contratistas y los que han chupado miles o millones de euros a través de conceptos varios asociados a su construcción y nula actividad). Ahora ya no la quieren, no la necesitan, no es que acepten las críticas y reconozcan la equivocación, no. Tampoco va a significar que vuelvan a ampliar las dotaciones a otros centros (bibliotecas, salas de exposiciones, etc.) a los que han despojado de casi todo para pagar las toneladas de piedras. No, simplemente ya no la quieren, ya no les gusta el caramelo, ahora quieren otra cosa, no saben ni qué.


Lo mismo ha pasado con tantos museos, auditorios, centros culturales (Niemeyer en Avilés, Pablo Serrano en Zaragoza, Centro Huarte en Pamplona, etc., etc.) que eran más un capricho político, un “yo también quiero un museo “, que cualquier otra cosa, y que llegado un momento de cambio de directivos políticos, o pasado el calentón, pues ya no lo quieren. Se cambia de proyectos y de infraestructuras millonarias como los niños mimados cambian de juguete, las adolescentes consentidas de vestidos, las amantes caras de joyas… Los políticos cambian los museos por aeropuertos, las ciudades de la luz, del cine, de la cultura o de lo que carajo sea, lo cambian por otro capricho, el campeonato del mundo de Fórmula 1 o la Copa América de Vela, por unas Olimpiadas, por lo que sea. Un capricho es un capricho. Lo más importante no es lo más necesario, obviamente.


Alguien debería enseñar a los ricos, a los reyes, a los príncipes, a los políticos, a todos los caprichosos y caprichosas del mundo, que lo que cuesta el dinero de todos debe obedecer a unos objetivos, a unas necesidades, a unas carencias, y debe tener un programa basado en esos objetivos, un equipo de profesionales detrás, y si se considera que debe hacerse, entonces ya no es un capricho y debe hacerse y mantenerse. Al margen de ideologías y al margen de envidias, celos y tonterías.


También habría que explicar que un currículo largo y extenso no significa que nada de lo que se pone en él haya sido un éxito, ni siquiera que haya funcionado. Un amigo me hablaba hoy del “contra currículo”, algo así como “fue director de tal museo y el público bajó en tal porcentaje, las críticas fueron negativas y el equipo nunca le apoyó”, o por ejemplo “dirigió tal proyecto y fracasó absolutamente”, “malgastó los fondos”, “hundió la credibilidad del centro”, etc. El currículo lo deberían hacer otros y no el afectado directamente. Habría que explicar tantas cosas a aquellos que se gastan nuestro dinero, que no tenemos ni fuerzas para hacerlo, pero desde luego algo básico es que con el dinero de todos, con las necesidades de todos, con el futuro de todos, no se juega, no se puede decir “ya no lo quiero”. No es un capricho.


Imagen: JeongMee Yoon. Jeeyoo and Her Pink Things, 2008. Serie The Pink and Blue Porject , 2005-en curso.