La fotografía en blanco y negro del francés Bernard Plossu (Da Lat, sur de Vietnam, 1945) se han topado con un enemigo, el color. Al menos si lo queremos ver desde un tono catastrofista, que desde luego el autor no tiene. Quitándose complejos, Plossu muestra en la Maison Européenne de la Photographie (París) su serie sobre Italia. Un viaje que puede parecer uno más de los que ha hecho famoso al fotógrafo, pero que tiene algo de especial; nace del recuerdo del relato de su madre, de las historias que esta le contaba sobre sus orígenes italianos, sobre la tía Dina y Nana, su bisabuela. Así, en 1970 Plossu emprende su primer viaje a Italia y fotografía con pasión cada rincón del país. Nápoles, Roma o Pompeya se convierten en lugares habituales, en los que dice “sentirse como en casa”. El color, entonces, se cuela en alguna de sus imágenes, como un impulso, más allá de un sentido de la belleza, dice el artista. Plossu no deja de volver a Italia desde entonces “como una necesidad”, fascinado por el ambiente, la pintura, la comida o la lectura, en un intento por conectar con esas raíces maternas. La exposición en París presenta esta serie, una de las menos conocidas pero especialmente importante para el fotógrafo por lo que tiene de personal, y nos recorre, a través de las distintas secuencias, cómo un viaje puede ser un intento de regresión al origen de donde uno viene. (L´Italie de Bernard Plossu, Maison Européenne de la Photographie, París. Del 4 de febrero al 5 de abril de 2015).


Imagen: Bernard Plossu. Livourne, Italie, 2014.