“Sin él no habría sobrevivido”. Semejante sentencia adquiere una importancia mayor cuando leemos que fue nada más y nada menos que Monet, el genio impresionista francés, el que la pronunciaba. Se refería a Paul Durant-Ruel (1831-1922), un personaje casi desconocido y que sin embargo es el comienzo de una figura tan relevante como las del marchante. Hombre de negocios en el París de fin de siglo, Durant-Ruel apostó por el grupo impresionista en un momento en el que estaban totalmente denostados. En vida llegó a adquirir más de 10.000 piezas de artistas que hoy son ya clásicos, como Monet, Degas, Sisley, Manet, Renoir o Mary Cassatt, entre otros muchos. Más allá de un simple coleccionista, Durant-Ruel dedicó su vida a comerciar, dar a conocer y vender las obras de estos artistas en París, Londres o Nueva York. La apuesta no le salió mal, tal y como nos muestra la historia posterior, aunque sin duda en 1870 Durant-Ruel arriesgaba por estas pinturas, que entonces eran apartadas de los circuitos oficiales. La National Gallery de Londres le dedica ahora una exposición con el título Inventing Impressionism, donde se muestran 85 obras maestras que pasaron por las manos de este marchante, como la serie Álamos de Monet, entre otras. Una exposición que homenajea su memoria, su figura y su recuerdo, especialmente a una vida dedicada al arte en la que Durant-Ruel llegó a estar al borde de la bancarrota en dos ocasiones, y donde finalmente su perseverancia tuvo el reconocimiento merecido. (Inventing Impressionism, National Gallery, Londres. Del 4 de marzo al 31 de mayo de 2015).


Imagen: Monet. Poplars in the Sun, 1891.