El Teatro Real de Madrid que, bajo la dirección de Gerard Mortier, ha apostado esta temporada por una programación moderna, novedosa y marcada por la estrecha colaboración con artistas contemporáneos (ya sea en la dirección o la escenografía de los espectáculos) como Robert Wilson, Anselm Kiefer o Peter Sellars; acaba de estrenar la ópera Vida y muerte de Marina Abramovic, un espectáculo que ha coproducido con el Manchester International Festival y que ha suscitado todo tipo de opiniones y críticas. Sea cual sea la impresión que el trabajo y la vida de la performer Marina Abramovic causen en el público, lo cierto es que la expectación es máxima y las localidades ya están agotadas. La ópera promete una escenografía y un montaje espectaculares, ideada por Bob Wilson; una música poco operística pero singular, compuesta por el músico Antony y William Basinski; una trama morbosa, los traumas y los miedos de la artista; unas interpretaciones con gancho de la mano de la propia Abramovic, el actor Willem Dafoe, el cantante Antony y Svetlana Spajic; y un contexto revuelto, con las protestas de los trabajadores del Real a los que se les reclama casi un millón de euros por una mala gestión administrativa; que aseguran un éxito en lo que a la repercusión de este espectáculo se refiere.