OPINIÓN

Cada palabra tiene diferentes evocaciones para quien la dice, para quien la escucha, para quien la escribe. Verano, vacaciones, mar, playa, viajes, calor, familia… amores de verano, discusiones de verano… Sobre todo para la mayoría el verano es sinónimo de vacaciones… Para mi significa calor. Y siempre recuerdo los comentarios de Albert Camus en El Extranjero sobre el calor, y espero que llegue septiembre, el mes de las despedidas y de la separación de los amantes temporales, con ilusión, y un poco de añoranza de aquellos veranos en los que todo era diferente, sobre todo yo. Calor y mal gusto parecen venir de la mano, y Martin Parr nos lo ilustra en cientos de sus fotografías. Es como si la elegancia, el buen gusto y la inteligencia no estuviesen activos en verano, y la culpa la tiene el calor. Sin embargo para muchos, o al menos eso dicen, el verano es tiempo de lectura y de visitar museos… sinceramente creo que con este calor no apetece leer ni moverse mucho, lo de pensar ya ni con aire acondicionado. Recordemos que es en verano cuando más parejas se separan, porque el calor es un eximente en casos de violencia. El verano altera a quienes se van de vacaciones que, al parecer, pierden la mitad de sus días de descanso en aclimatarse a no hacer nada. Esos días no queremos ni a nuestros hijos pequeños con todo el día preguntando ¿Qué hacemos ahora? Aunque eso de “no hacer nada” es muy relativo, ya que se trabaja casi más que durante el tiempo laboral, pero cambiamos nuestras costumbres, en un intento de ser otros. Hacemos planes de cambio, como a fin de año, porque el verano es un fin de temporada tal vez más determinante que el fin de año. Pero realmente nada va a cambiar, y eso lo sabemos cuándo empezamos las vacaciones, sabemos que el verano acabará y vendrá el otoño y todo volverá a ser otra vez igual, y casi estaremos felices con recobrar los horarios, los compañeros, el café de media mañana, hasta la oficina nos puede gustar después de estar con toda la familia 24 horas al día en una playa, por algo es este tiempo en el que más homicidios y suicidios, peleas y agresiones se dan. Sin duda por el calor.
No siempre el verano fue como ahora es, no siempre las vacaciones suponían un éxodo masivo. Igual que ahora el que no sale hasta el Caribe o a remotos lugares que no sabríamos ubicar en un mapa parece que no las va a disfrutar, no hace mucho con el pueblo, la orilla de una playa cercana, la sierra vecina, y una casa bien aireada y en sombra, nos sentíamos felices. Tal vez así se pasaba menos calor.

Este año las actividades culturales en todo el mundo son muchas y variadas, como si el mundo fuera un gran colegio que se esfuerza por tener a sus alumnos entretenidos en campamentos veraniegos: exposiciones, festivales, cine y música, al aire libre y en lugares imprevisibles, desde las grandes ciudades hasta los pueblos y lugares que en todo el año ni se acuerdan del arte ni de los artistas. Eso está bien, casi es imposible estar ajeno a todo ese trajín cultural, aunque claro que no es lo mismo una exposición de Ai Wei Wei que un cine de verano o un festival de música. No importa cual elija, pero recordemos que los museos y salas de exposiciones tienen, además, aire acondicionado.

Pero el verano, las vacaciones, han supuesto uno de los cambios más fuertes del último siglo: el turismo. El turismo masivo y global ha sido un avance cultural extraordinario, no sólo para los países “invadidos”, como pueda ser España, sino para los invasores. Todos nos hemos beneficiado de lo que los otros podían mostrar, ofrecer, de todo lo que era diferente a lo nuestro. Desde la gastronomía a la literatura, el afán por conocer otros lugares, ha sido lo que se llama una invasión cultural sin comparación con nada. Pero tal vez ahora sea el momento de volver a reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestras culturas y nuestros propios lugares. En cualquier caso, sea como sea, viajen o no viajen, les deseamos a todos un buen descanso, y que no pasen mucho calor, que no se divorcien ni hagan ninguna barbaridad motivados por al calor y una mente ociosa. Nosotros seguiremos informándoles si pasa algo interesante, pero yo cierro por vacaciones, hasta septiembre en el que les espero encontrar nuevamente a todos ahí, al otro lado de una pantalla.