Ya ha dado comienzo la 55 Bienal de Venecia. Uno de los eventos no sólo más famosos sino más prestigiosos y característicos del sector del arte actual. Una cita ineludible que reúne en pabellones nacionales y eventos colaterales a cientos de países, miles de artistas y de visitantes.

Comisariada por Massimiliano Gioni El palacio enciclopédico, su proyecto para la exposición central que en esta ocasión se divide entre el Arsenale y el Pabellón Internacional en los Giardini, se considera ya -cuando ni si quiera se ha hecho aún efectiva la inauguración oficial de este evento- una de las propuestas más interesantes de las realizadas en las últimas bienales.

La maqueta del edificio que en los cincuenta realizó el arquitecto Marino Aurini con la intención utópica de construirlo y contener en él todos los conocimientos del mundo, abre majestuosamente la muestra de Gioni. Rodeado de los exquisitos peinados fotográficos de J. D. Okhai Ojeikere y del Libro rojo de Carl Jung, icono de la literatura psicoanalista, metáfora de los sueños y las visiones de los artistas; estas piezas dan una primera sensación al espectador de encontrarse en un lugar único, en el que acceder a joyas de las distintas formas del saber humano, es posible.

La utopía se acerca y las obras continúan apareciendo pero no en una enumeración escasa o amontonada, sino con elegancia, con aire y con la suficiente representación por cada artista como para no perder detalles o caer abrumado por lógica saturación. Siete pinturas -desde los setenta hasta la actualidad- de una de las ganadoras del León de Oro de este año, Maria Lassnig, expresan con claridad el mismo viaje en el tiempo y el espacio que se capta en el Arsenale mediante obras de épocas y lugares tan distintos como sus ejecutantes: Bruce Nauman, Yüksel Arslan, Phyllida Barlow, Stan VanDerBeek, Marck Leckey o los peculiares dibujos del Génesis de Robert Crumb.

La capacidad de Gioni para hilar discursos, para aunar saberes y posibilitar el disfrute individual de cada uno de los ciento cincuenta creadores elegidos (el doble que en la Bienal anterior) ha logrado, por primera vez en muchos años, convertir Venecia en un palacio enciclopédico y hacer sombra a los siempre populares pabellones nacionales.

Imagen: Vista de la maqueta de Aurini en el Arsenale de Venecia.