OPINIÓN

Al margen de la situación del Canòdrom en Barcelona, que teniendo director no tiene prácticamente nada más, y del silencio absoluto en torno al Centro Huarte en Navarra desde que se nombró un nuevo director, hay otros centros en España que se han quedado sin director y no hay indicios, al menos no públicos, de que vaya a generarse un concurso ni siquiera que se vaya a nombrar directamente a alguien para que ocupe los puestos vacantes. Claro que si Bélgica, todo un país, lleva más de 400 días sin tener un gobierno, la cuestión empieza a ser clara. A lo mejor nos iría mejor, como país, sin un gobierno al estilo habitual, pero, rápidamente, nos damos cuenta del absurdo: si no hay gobierno no hay oposición… Y si todo es oposición entramos en un dilema que nos lleva a reconocer que realmente son raros estos belgas.


En el asunto de los museos sin director no sabemos si es lo peor que les puede pasar (es decir, no tener edificio o no tener colección, incluso no tener presupuestos, no parece mucho mejor) pero creemos sinceramente que es un auténtico despropósito que, como barcos a la deriva, pasen los meses con programaciones precocinadas, actividades de cualquier tipo, y sin una mirada hacia el futuro, perdiendo lentamente cualquier identidad que hayan podido tener.


Si nos centramos en los dos casos más recientes hay que reconocer que aunque son dos estilos de museos muy diferentes, tienen varios elementos en común: en primer lugar una absoluta pobreza de medios económicos, y en segundo pertenecer a lugares donde el poder político tiende a involucrarse en todas las esferas de la vida de la comunidad con un estilo a la antigua, por decirlo de una manera educada. Tanto en Salamanca el DA2 como en Tenerife el TEA llevaban ya tiempo transmitiendo su malestar por estas dos razones, que hacían imposible tanto su dirección como sus planteamientos de futuro. El caso del museo de Salamanca venía ya anunciándose desde que el Alcalde decidiera albergar en el museo una feria comercial, de arte eso sí, pensando y manifestando aquello de que si el museo era suyo hacía con él lo que le parecía mejor, y la opinión del director y del personal no le merecía mayor respeto. Por un milagro se corrigió a tiempo y no se realizó el desaguisado, pero tanto su director, Javier Panera, como el museo quedaron tocados. Eso sin hablar de la absoluta falta de solvencia económica de la institución que gestiona al museo, que adeuda pagos con más de una año de demora, lo que ha hecho que un museo que inició su camino con ganas y con proyectos haya ido sobreviviendo en unas condiciones cada vez más penosas en las que solamente la habilidad y el tesón del equipo y de su dimitido director han conseguido mantener la cara.


Por otra parte el TEA es un caso totalmente diferente. Un proyecto que dotaba a Tenerife finalmente del museo y centro de arte que reclamaba su historia cultural y su necesidad de integrarse en la sociedad artística nacional e internacional. Se empieza con un edificio de Herzog & de Meuron, gastándoselo todo en la caja y olvidándose de que hay que poner algo dentro. Nombrado director Javier González Durana, con una larga experiencia como director y como comisario, consigue poner en marcha el buque, hacer alguna buena exposición y dotar al centro de una colección basada en los préstamos y depósitos que Durana consigue. Pero sin presupuesto económico de ningún tipo y sin la menor independencia para actuar, su director se encuentra que no puede poner en marcha más que un blog, convirtiéndose el museo en algo parecido a un cine de barrio, lujoso, pero nada más.


El director del DA2 ha dimitido y se ha volcado en otro proyecto que le ilusiona y enriquece más que las luchas y la penuria a las que le obligaba su papel de director. González Durana deja Tenerife para dirigir el Museo Balenciaga en el País Vasco. La duda es nuevamente si ese vacío de poder no será por exceso de poder político, y que futuro les deparará a estos dos museos, de los más jóvenes del Estado. Deseamos que la lógica y la cordura hagan que las cosas vuelvan a sus cauces y aunque sea de una forma austera, vuelvan a sus salas exposiciones y actividades de calidad e interés para la sociedad.


Imagen: Vista del interior del TEA. Foto: Duccio Malagamba