El nuevo centro de la Fundación MAST de Bolonia se concibe como un espacio y una institución filantrópica dedicada a la cultura, el arte y la tecnología. Se trata de una iniciativa privada de COESIA -una compañía de soluciones industriales- que pretende con este proyecto mejorar el bienestar, no sólo de los trabajadores de la empresa, sino de toda la comunidad. Como lugar de encuentro y catalizador de narrativas locales y nacionales, MAST busca acercarse a las nuevas generaciones y ofrecer posibilidades de cooperación entre empresas, instituciones y ciudadanos. Consciente de las problemáticas que suelen acompañar a las zonas industriales, conocidas como las “zonas grises” de cualquier ciudad, el principal objetivo de este centro mixto, de difícil definición, es ofrecer una alternativa revitalizadora para una de esas zonas dedicadas a la industria, transformándola en el centro de actividades y el origen de nuevos proyectos que reflexionen sobre la identidad local y renueven la relación entre el complejo industrial de COESIA y la ciudad.
Se trataría de algo así como un “lavado de cara” para quitarle algo de suciedad a esa zona gris de la periferia. Una nueva imagen. O una mirada nueva. Es precisamente esa controvertida relación que establecemos con las imágenes del mundo industrial la que investiga la exposición Industrial Worlds 014, que podrá verse hasta el 30 de marzo en la galería de la Fundación MAST. Su comisario, Urs Stahel, explica cómo hasta hace no mucho se solía prestar poca atención a las fotografías de fábricas. Este mirar hacia otro lado no hacía otra cosa que ignorar la evidencia de la historia y el universo propio del mundo industrial. Sólo recientemente se ha comenzado a revalorizar y reevaluar estas fotografías, entendiéndolas como un testimonio clave para la comprensión de nuestras propias vidas en la era post-industrial.
Stahel ha seleccionado una serie de obras que forman parte de la colección de fotografía industrial de la Fundación MAST para comenzar a escribir la historia de esas fábricas y de quienes las habitaron. La muestra, que incluye el trabajo de 47 fotógrafos, se divide en varias secciones temáticas. En ellas conversan a lo largo del tiempo diversos retratos de trabajadores, cambiantes paisajes industriales que van desde la negra y mastodóntica chimenea hasta el aséptico pabellón blanco, desde la vieja maquinaria pesada a los modernos dispositivos de nuestros días. Una curiosa exposición en la que las imágenes dialogan con ese pasado gris, humeante y sucio de la industria que no se quería ver. Pero parece que, a día de hoy, desde un lugar a las afueras de Bolonia rodeado por jardines y pabellones de grandes ventanales, es al fin posible mirar y pensar la industria.
Imagen: Harry Gruyaert. 2008.