OPINIÓN

Hace unos días unos hackers colapsaron las redes de algunas de las más grandes empresas de los Estados Unidos, los expertos dicen que sólo fue un ensayo, que puede volver a suceder en cualquier momento con mayor gravedad… Los sabios predicen que internet en algún momento se caerá y con esa caída, aunque sea de unos minutos (que seguramente será de mucho más) caerán todos los servicios digitalizados que funcionan lejos del mundo analógico, todo eso que parece que funciona solo y que ninguno entendemos. Servicios de agua, luz, comunicaciones, por supuesto toda la logística militar de todos los bandos (excluyendo los que todavía utilizan flechas, piedras y palos) dejarán de funcionar, los hospitales dejarán de funcionar, la luz de las grandes ciudades se apagará, los aviones no podrán volar ni los trenes circular, hasta dejaremos de ver las series de TV. Puede durar unos minutos, unas horas…, lo suficiente para convertirse en una tragedia universal. Bien, por las mismas fechas el espía escritor John Le Carré declaraba, no sé si en su papel de espía o en el de escritor, que no hay nada más seguro que una nota manuscrita. Ni mensajes cifrados, ni encriptados, nada como un papel escrito a mano para guardar un secreto.

Y es que en todos los años de la civilización los manuscritos, los mapas de todos los tesoros perdidos, las cartas de amor enviadas, recibidas o no, los libros y hasta las fotografías han ido sobreviviendo a inundaciones, incendios, guerras y cataclismos de todo tipo. Pero, ¿qué pasa con todas esas fotos que hemos hecho en las últimas décadas con nuestros teléfonos móviles? ¿Alguien ha conseguido que superasen el cambio de terminal? Yo tengo más imágenes de mis padres, de mis hermanos de pequeños, que de mis propias hijas, ya perdidas sus infancias en las memorias de nokias e iphones que no he podido rescatar con la suficiente calidad para que dejaran las pantallas por el papel. Ya no hay álbumes de fotos de familia, la historiografía y la documentación se ha arruinado con la sustitución de las cartas por los mails. ¿Y todos esos mails que nunca llegaron a su destino, dónde están, dónde fueron a parar, alguien los leyó alguna vez? Nunca tuvimos respuesta. Los faxes que desaparecieron delante de nuestros ojos parecen ser del pasado remoto, pero no hace ni 20 años que confiábamos en esos rollos de papel lo más importante, sin pensar que se borrarían como lo que escribimos en la arena de la playa en nuestra adolescencia, y que el agua salada como nuestras lágrimas borró para siempre.

No quiero  parecer catastrofista porque no lo estoy siendo, ni tampoco abogo por volver al pasado y olvidar los avances tecnológicos y científicos, no podría vivir sin mi celular y mi computadora, sin mi coche, sin los aviones y los quirófanos de tecnología punta, sin internet nada sería igual…, pero tampoco deberíamos olvidar que la humanidad sobrevive a través de las catástrofes, grandes, medianas y pequeñas. Desde un corte de luz que te hace perder los archivos más recientes hasta una guerra que te destroza todo en varias generaciones. Pregunten en Bosnia, en Ucrania, en Siria… y cuando no, pues puede ser un terremoto, un tsunami… Todos estamos expuestos y con darle a la tecla “guardar” no es suficiente. Hay que pensar, también, en esa nota manuscrita en papel, por si acaso. Just in case, porque en los malos momentos toda precaución es poca.

En cuanto al arte, ahí tenemos los bisontes de las cuevas de Altamira, y los que se siguen encontrando esporádicamente, perfectos, desperdigados en cuevas por todo el mundo: deberíamos saber leer ese mensaje, un mensaje manuscrito en un trozo de papel. Las pinturas sobre lienzo, los frescos, resucitan después de siglos de ruina y olvido… ¿Qué pasará con los vídeos dentro de varias generaciones de proyectores y máquinas continuamente renovadas por un mercado incapaz de frenar su ambición económica aunque sea sólo un poquito? Yo ya he tirado las decenas de vídeos de cartuchos, ya no hay lectores para ese soporte, ahora sólo se pueden usar los dvd, pero mañana será otra cosa y tendré que tirar las decenas de dvds que guardo con amor de bibliotecario loco. Pero mis libros… mis libros, mientras tenga ojos para ver y manos para pasar sus hojas podré seguir leyéndolos, disfrutando de ellos siempre, como de las cuevas de Altamira, de la pintura de Caravaggio… Dice en una entrevista en VOCES David Salle que “pintar es pintar”, algo que parece una simpleza, pero que pensándolo un poco es algo lleno de sentido, sobre todo para un pintor como él, para una amante de la pintura como yo y como tantos. La pintura pervive al holocausto nazi, a las guerras mundiales, al paso del tiempo, al propio hombre y a todas sus estupideces y violencias. No sé qué pasará con las instalaciones, ni con las performances en un futuro mundo apocalíptico lleno de zombis donde todos pareceremos artistas conceptuales, no sé qué pasará con el net art, pero estoy convencida de que la pintura sobrevivirá, tal vez no toda, como si un jurado anónimo se encargara de la selección. Pero sí estoy segura de que otras muchas cosas no, y realmente (pensarán) no hace maldita falta si no estamos nosotros para verlo. De todas formas yo voy a volver a escribir a mano, a dejar cartas de amor por las esquinas, recomendaciones a mis hijas, recomendaciones a los amigos y cartas de amor a mis hijas, a mis amigos; voy a intentar escribir sobre papel todo lo importante que tenga que decir, sólo por si acaso.