Las razones por las que una feria de arte contemporáneo o de cualquier otra cosa, decide dedicar un espacio a un país invitado suelen obedecer más a intereses políticos o económicos que directamente a intereses artísticos. Sinceramente las razones por las que ARCO sigue haciendo de tour operador cultural “acercándonos” países de todo tipo a nuestra escena artística durante una semana se nos escapa totalmente. Es algo que creíamos que quedaría desterrado en esta nueva etapa con Carlos Urroz como director, pero no ha sido así. Rusia fue hace dos años, una herencia de la anterior edición, este año ha sido Holanda y el próximo Turquía. No me parece que sepamos nada más acerca de Rusia y su arte actual o de Holanda ahora que hace dos años. Y tampoco sé hasta qué punto el mercado se ha visto beneficiado, potenciado, enriquecido con esta oleada rusa, holandesa y turca.

En lo que respecta a Turquía ya nos parece lo más de lo más. Eso si que es un desconocimiento a la altura del año de Corea. Lo único que se consigue con este “intercambio cultural” es que parezca que Ifema se convierte en la Feria del Campo, se podrá comer kebab, supongo, en lugar de sushi. No sabemos casi nada de Turquía, y no voy a echar mano de la wikipedia para dar número de habitantes o hablar de Santa Sofía, como han hecho algunos colegas. Conozco ciertamente algunos artistas turcos, y la Bienal de Estambul sigue su andadura, tan ajena a nosotros como la de cualquier otro país al margen de las rutas culturales contemporáneas actuales. El caso es que Vasif Kortun (1958), comisario, profesor y escritor, será el encargado de hacer la selección de galerías que estarán en la feria como ejemplos de “un mercado emergente y dinámico, entre Europa y Asia”. Sin duda el impulso que se está dando en Turquía políticamente a las manifestaciones culturales tiene mucho que ver con su futura y todavía no tan clara inclusión en la Comunidad Europea como miembro de pleno derecho.

Los datos económicos que acompaña ARCO en su nota de prensa sitúan a Turquía muy cerca de Alemania o Suecia (textual) en el mercado de subastas de arte contemporáneo, algo que al parecer está haciendo subir la valoración de los artistas turcos, por otro lado rotundamente desconocidos por el coleccionismo español. Esperemos que la participación de Turquía sea abierta y muestre igualmente a los artistas reivindicativos política y socialmente y no suceda lo que en tantas ocasiones, que el peso de la embajada y de los intereses políticos sean más fuertes que los puramente artísticos, si es que estos son en alguna ocasión realmente puros. Nos gustaría realmente saber más de un país con una cultura tan diferente y lejana, pero sinceramente no creo que una feria de arte sea el lugar idóneo.

Como colofón, y a más de un mes del cierre de la pasada edición de ARCO, desde su organización se muestran satisfechos, dada la situación económica por la que atravesamos, del nivel de ventas y de la satisfacción de los participantes. Al parecer, un año más, han sido los coleccionistas extranjeros los que han mantenido el nivel de venta y que, aunque ha bajado (en un 15% la entrada de visitantes que pagan entrada) el público general, la asistencia en los días exclusivos para profesionales ha sido muy alta y muy satisfactoria tanto en ventas como en contactos. Y finalmente confirman lo que viene siendo un clásico en las ferias: el cierre de transacciones comerciales que se inician en la feria y se cierren después, una vez que ya se ha vuelto a casa y se empieza el trabajo “de mesa”, ese trabajo oscuro y aburrido que es, en definitiva, el que da mejores resultados, ese que recoge las ventajas de la visibilidad de una feria o de cualquier otro evento.

Emre Hüner. Fotograma de Total Realm, 2008. Cortesía del artista y Rodeo-Gallery, Estambul