OPINIÓN

No sé si es que con el calor vemos la realidad borrosa, y se ablandan los corazones y los bolsillos se deshacen, pero en un par de días varios ricos mundiales están sufriendo ataques de generosidad espectaculares. El primero fue Plácido Arango, rico empresario mexicano afincado desde siempre en España y dueño, entre otras cosas, de la cadena de restaurantes VIPS, abiertos perennemente en los que puedes desde comprar la prensa del día alemana hasta comerte un plato griego. Este señor, actual pareja de la escultora Cristina Iglesias y patrono del Museo del Prado, ha donado 25 obras de entre los siglos XVI y XVII, de los cuales 21 son óleos, algunos de ellos zurbaranes, pero, entre los menos conocidos algunos maestros que no estaban aún en el Prado. Una generosidad que, como española del lado oscuro que soy, no me impide pensar en, por ejemplo, ¿qué hace una persona, por muy rico que sea, con 21 lienzos (los dibujos ni los cuento) del siglo XVI y XVII en su casa?; ¿dónde los tiene… en la habitación de la criada?; ¿cuántos más tiene para poder desprenderse generosamente de estos 21? Y, por supuesto, me pregunto qué gana o qué agradece con ello. El que el primer encargo del Prado renovado fuese para la escultora Iglesias (unas puertas de dudoso gusto y excesivas, a todas luces) no lo vamos ni a considerar, pero supongo que alguna desgravación fiscal; no sé, alguna cosilla. No hay generosidad completa, y de eso aquí sabemos mucho. Pero de todas formas, muchas gracias señor Arango, aunque debe usted saber que al menos un trocito de alguno de estos cuadros lo he pagado yo con todo lo que me he gastado en sus restaurantes en los últimos 30 años, y no hace falta que me de las gracias, con los cuadros es suficiente.
Pero puestos a ser generosos el príncipe saudí Alwaleed gana, de momento, el premio de “generoso del verano”. Este señor infinitamente rico dona su fortuna de 29.000 millones de euros a caridad y organizaciones que luchen por la salud, la ayuda humanitaria y los derechos de las mujeres (no sé yo si a Femen le va a tocar algo). Y son muchos millones, tantos que un periódico ha hecho un listado de todo lo que podría pagarse con tal barbaridad de millones, como por ejemplo toda la deuda griega y acabar así con el miserable acto de humillación permanente de Alemania sobre Grecia; o comprarse 181 cuadros de Picasso de gran tamaño y calidad alta, si es que se encontrasen en el mercado… también podría acabar con el hambre en grandes extensiones del mundo, y podría obrar realmente milagros. Mucho me temo que nunca sabremos a qué se destina tamaña fortuna y que, lamentablemente, sus beneficios quedarán ocultos a la mayoría; que viene a ser que no se van a notar y que se van a distribuir de formas ocultas y que, al final, igual que los 21 oleos del señor Arango, quedarán en los almacenes y en algun rincón del Museo del Prado, ocultos pero visibles; serán gestos de magnificencia que serán noticia sí, pero poco más. Y es lo que pasa con la beneficencia, la limosna y los juegos de azar, que no te tocan, que sólo son noticias lejanas, y que si en algún caso te toca, o es claramente insuficiente (esos premios de loterías de cinco mil euros que maldita la gracia que te toque una vez en la vida la lotería y sean cinco mil euros nada más) o entre Hacienda, la ansiedad y ese sentido extraño de generosidad (sobre todo si hace este calor horrible) que está afectando a los ricos nos dura un visto y no visto.
Ya bajo los efectos de este calor que es lo más parecido a una droga dura alucinógena, lo que yo me pregunto es si, en vez de estar pendiente de que esos ricos tan ricos y tan generosos nos regalan los frutos de su esfuerzo, sin duda siempre lo que a ellos les sobra (y no paro de pensar en donde colocaría yo en mi casa tres zurbaranes, una crucifixión, un descendimiento, varias vírgenes…y así hasta 21 óleos), no sería más lógico y con unos efectos más interesantes y profundos una fiscalización más dura a los ricos más ricos, que no tengamos que depender de su corazón derritiéndose a 40 grados, de su limosna, para tener en el museo los cuadros que siempre debieron estar en el museo, y para dar a los necesitados lo que sin duda se les ha sacado a los necesitados… porque nadie es tan millonario como para donar 29.000 millones de euros así sin más… ¿de dónde salen tantos millones? ¿No habrá algo injusto en esa ganancia desmedida? Pero las noticias que generan los ricos más ricos no dan muchas explicaciones, sólo las justas para nuestro agradecimiento, como cuando das una limosna en un semáforo y arrancas el coche dejando al pobre de turno con cinco euros en su mano, garantizándole que hoy sí, hoy sí podrá comer.